LA EDUCACION EMOCIONAL EN EL CENTRO EDUCATIVO

 

Josefa Sánchez Doreste

 

I.E.S. Isabel de España

 

 

 

 

§         Centro:  I.E.S. Isabel de España.

 

§         Curso: 1999-2001

 

§         Profesorado participante: Participan en la experiencia doce profesores de diferentes especialidades y pertenecientes a diversos seminarios didácticos. La relación es la siguiente:

 

 

 Josefa Sánchez Doreste, coordinadora, Departamento de Lengua Castellana y Literatura,

Luis Blanco Estébanez. Departamento de Matemáticas,

Javier Campos Oramas. Departamento de Geografía e Historia,

Mª. Dolores Guevara Espinosa., Departamento de Ciencias  Naturales,

Mª. Luisa Lorenzo Castro, Departamento de Inglés,

Juana Rosa Luján Rodríguez, Departamento de Lenguas Clásicas,

Francisco de la Nuez Falcón, Departamento de Ciencias Naturales,

Juan Pérez Macías, Departamento de Filosofía,

Juan Ignacio Pérez Vázquez, Departamento de Matemáticas,

Mª. Isabel Santana Castro, Departamento de Geografía e Historia,

Elba Santana Márquez. Seminario de Religión.

 

 

§         Alumnado participante: Participa en la experiencia todo el alumnado al que imparten docencia los profesores que realizan el proyecto.

 

 

La experiencia trata sobre el trabajo con las emociones en cada una de las áreas.  La educación emocional, el contribuir al desarrollo de la personalidad de los alumnos, es tarea de todos los docentes. En cada una de las áreas curriculares vienen claramente expresas una serie de actitudes que el profesor debe desarrollar en los alumnos y que son los objetivos de la educación emocional.

 

 

 

1.    El contexto

 

 

La experiencia parte de un grupo de profesores del I.E.S. Isabel de España que imparten docencia en los turnos de tarde y noche. En Noviembre de 1999, participé con una comunicación en las II Jornadas de Historia Local Canaria, organizadas por el Seminario de Humanidades Agustín Millares Carlo del Centro Asociado de la UNED de Las Palmas, desarrolladas en el CICCA y dedicadas al tema Enseñanza y Educación en Canarias. ¿Educación intelectual versus educación emocional? fue el título de mi comunicación. En ella, defendí y demostré la importancia y la necesidad de la educación emocional en el aula. A medida que fui profundizando en el tema, comprendí que éste era de vital importancia y que tenía que trascender, no podía quedarse sólo en una ponencia. Así es que se lo propuse a varios compañeros y decidimos presentar un proyecto de Grupo de Trabajo. Esto fue en septiembre de 1999. Este año decidimos volver a presentarlo nuevamente. Es un tema que a medida en que se va profundizando en él nos damos cuenta de lo poco que sabemos sobre las emociones y de la amplitud del campo en que estamos iniciando nuestra investigación.

 

El clima relacional de los profesores del IES Isabel de España es excelente, el Equipo Directivo potencia y facilita cualquier iniciativa de formación del profesorado. Estas características llamaron la atención de un grupo de docentes de Francia y Bélgica que accedieron a nuestro Centro en visita preparatoria para la iniciación de un proyecto europeo.  El trabajar a gusto, el sabernos arropados, hace que los docentes no nos limitemos solamente a “cumplir”. Nos sentimos motivados hacia nuevas tareas. 

 

 

 

2.    Objetivos

 

Los objetivos del proyecto están recogidos en dos bloques: profesor y alumno. Se trata de abordar la educación emocional de ambos.

 

Objetivos del profesor:

 

·        Modificar el perfil del profesorado, concienciar al docente de la importancia de su educación emocional.

·        Concienciar al docente de que la sociedad ha cambiado, de que su actuación no puede ser la misma de etapas anteriores.

·        Concienciar al docente de que no es sólo un transmisor de conocimientos, deberá asumir la tarea de ayudar al alumno a desarrollar su personalidad.

·        Concienciar al profesor de que debe asumir su autoformación, adquirir nuevos conocimientos, desarrollar nuevas metodologías, utilizar nuevas estrategias.

·        Aceptar que la educación integral del alumno lleva aparejada la educación emocional y que ésta debe ser asumida por él, como profesor, y desarrollarla desde la materia específica de su especialidad.

·        Dar respuesta al apartado del currículo Actitudes, estableciendo una metodología y acciones para desarrollarlas. No se puede evaluar algo que no se está trabajando de forma concreta.

·        Admitir que la educación emocional supone el desarrollo de determinadas capacidades y mejora de ciertas actitudes que el docente deberá desarrollar en sí mismo para luego transmitirla a los demás.

·        Erradicar el sistema de “penalización”, como medida general, y asumir en su lugar la tarea de educar, planificar, seguir y evaluar la evolución del alumno en su proceso de integración en la comunidad escolar y en la vida social.

·        Desarrollar en sí mismo la capacidad de “la empatía”, esa destreza que le permitirá ponerse en el lugar del otro.

 

Objetivos del alumno:

 

·        Facilitar a los alumnos las estrategias necesarias para que éstos adquieran por sí mismos:

·        El conocimiento de sus propias emociones.

·        La capacidad de controlar sus emociones.

·        La capacidad de motivarse a sí mismo.

·        La capacidad para reconocer y aceptar las emociones de los demás.

·        La capacidad para desarrollar la empatía: ponerse en el lugar del otro.

·        El control de las relaciones de comunicación interpersonal.

 

 

 

3.    Desarrollo

 

 

Si analizamos la vida en un centro educativo encontramos múltiples problemas: por parte de los alumnos cada vez son más frecuentes los comportamientos agresivos, la actitud pasiva en las clases, la falta de interés por aprender y el absentismo escolar. Los profesores se sienten impotentes, frustrados, desencantados. A menudo, la relación entre profesor-alumno es la de una total incomunicación, no llegamos a ellos.

La agresividad, el pasotismo, el absentismo escolar, no son mas que síntomas de un mal mayor. El alumno se encuentra descontento de sí mismo, no identifica sus emociones, no sabe lo que quiere. El desaliento del profesor y el estrés son también síntomas de su malestar interior. No hay empatía entre el profesor y el alumno, ésta es la base de los conflictos escolares. Ponerse en el lugar del otro, cuando entre ese otro y yo hay jerarquías, diferencias de edad e incluso culturales, no es fácil.

La agresividad del mundo actual, los brotes de xenofobia, los brotes de violencia cada vez más frecuentes en nuestra sociedad tienen su origen en el desequilibrio emocional, en el desconocimiento de las propias emociones. Una persona que tiene este tipo de comportamientos no es feliz y lo manifiesta de esta manera. Urge una educación emocional.

Sin embargo, nuestras escuelas y  nuestra cultura siguen altamente preocupadas por el desarrollo de las capacidades intelectuales, desatendiendo el desarrollo de las capacidades emocionales. Cuando se abordan temas relacionados con las actitudes o valores, se hace en forma de ejes transversales: educación para la salud, educación para la paz, educación en la tolerancia, educación en valores, educación para la igualdad de oportunidades de ambos sexos, etc. Si la escuela ha de dar respuesta a las demandas sociales, urge incorporar en el currículo la educación emocional. Si la educación intelectual es tarea de todos los docentes, en el área de su especialidad, la educación emocional  también lo es. A menudo oímos decir a muchos compañeros: “A mí nadie me ha preparado para esto”, “esto no entraba en el temario de mi oposición”.

Jacques Delors, en nombre de la Comisión Internacional, señala los cuatro pilares que deberán regir la educación para el siglo XXI: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a vivir juntos. De estos cuatro tipos de aprendizaje, los dos últimos aluden directamente al mundo de las emociones.

El aprender a ser tiene por finalidad el desarrollo total de la personalidad: cuerpo y mente, inteligencia, sensibilidad, responsabilidad individual y espiritualidad. El aprender a vivir juntos hace referencia al conocimiento, la aceptación y el respeto del otro. Ambos están presentes en el currículo de la Educación Secundaria Obligatoria en forma de objetivos. Formarse una imagen ajustada de sí mismo, relacionarse con otras personas y participar en actividades de grupo suponen el desarrollo de una serie de capacidades que los alumnos habrán de obtener en una etapa tan difícil como es la pubertad.

En la educación intelectual se presenta al alumno un nuevo conocimiento seguido de una explicación, el paso siguiente es practicar y repetir hasta llegar a asimilar el nuevo conocimiento. El esquema es siempre el mismo, y funciona. Pero la educación emocional es diferente. A un niño agresivo, por ejemplo, no se le puede dar una explicación de lo que es la agresividad, de los factores que intervienen en ella, de las consecuencias, etc., esperando con ello que cambie su comportamiento. Es posible que mejore por miedo a la penalización, a la expulsión del centro educativo, pero la realidad es que seguirá siendo agresivo Y esto no es educar. En el mundo de las emociones el aprendizaje es diferente. El profesor deberá utilizar una serie de estrategias que lleven al alumno a caer en la cuenta de que su comportamiento debe cambiar. Pero tiene que aprenderlo él, nadie puede enseñarle, es el desarrollo de una actitud lo que se pretende, y no la asimilación de unos contenidos que nada tienen que ver con el mundo interior.

La educación emocional es el uso inteligente de las emociones. Educar las emociones no consiste en reprimirlas sino en canalizarlas, utilizar esa energía de forma positiva para desarrollar nuevas actitudes. Pero no basta con conocer las propias emociones, aunque éstas son la base del desarrollo de la empatía, de esa capacidad de ponerse en el lugar del otro.

En octubre de 1995, Daniel Goleman, psicólogo de la Universidad de Harvard y periodista científico de The New York Time, sorprende a la opinión pública mundial con su obra La inteligencia emocional. A ésta sigue, un año más tarde, La práctica de la inteligencia emocional. Un alto coeficiente intelectual no garantiza el éxito en la vida, teoriza Goleman. A menudo nos encontramos con personas con escasa formación académica pero que poseen una capacidad especial para llegar a los demás, para hacer dinero, para triunfar. Al mismo tiempo, un nutrido grupo de personas con una gran formación intelectual no logran abrirse paso en el mundo laboral, su poder de comunicación con los demás  es tan bajo que, frecuentemente, no conectan ni con su propia familia.

La educación emocional determina en un 80%, afirma Goleman, nuestro éxito en la vida, hace que seamos más efectivos en el trabajo.  En una sociedad capitalista esta manifestación hizo milagros. A partir de entonces, las multinacionales deciden educar emocionalmente a sus empleados. Se suceden los cursos de educación emocional. No se habla de otra cosa, las librerías dedican un amplio espacio a obras sobre la inteligencia emocional, el desarrollo de la autoestima y la empatía.

Cuando los profesores del grupo de trabajo comenzamos a reunirnos teníamos claro nuestro objetivo: educar las emociones de los alumnos. Después de dos años de reflexión y de formación específica nuestro planteamiento ha evolucionado. No podemos transmitir lo que no tenemos. La educación emocional es el desarrollo de una actitud del docente que llevará al alumno a desarrollar su propia inteligencia emocional. Después de meses de reflexión, de trasladar a las reuniones del grupo nuestras experiencias en el aula, después de múltiples lecturas sobre el tema, de asistir a cursos específicos de educación emocional, hemos llegado a una conclusión: urge la educación emocional del docente.

La educación emocional consiste en conocerse a sí mismo, ser consciente de las propias emociones, canalizarlas. El desarrollo de la autoestima es fundamental. El paso siguiente es desarrollar la empatía, ponerse en el lugar del otro. Si un docente no es empático difícilmente podrá trabajar en grupo, y, por supuesto, no logrará llegar a sus alumnos. Un docente deberá preguntarse por qué su alumno se aburre en clase o genera conflictos, tendrá que buscar estrategias para integrarlo.

Actualmente, nuestra investigación se centra en desarrollar: la empatía, la comunicación verbal, la comunicación no verbal y la asertividad. En la comunicación verbal estamos prestando gran atención a la escucha activa. ¿Sabemos los docentes escuchar? ¿Es ésta la actitud que tenemos con nuestros alumnos? 

La comunicación no verbal es un campo muy amplio y de vital importancia. La kinésica y el paralenguaje transmiten tanta o más información que las palabras. Los gestos, la mirada, la posición del cuerpo, etc. nos acercan al mundo del otro. A menudo la persona no es consciente de la información que transmite a través de su expresión. Un profesor con una formación en este campo es capaz de salir al paso de muchos conflictos antes de que éstos se presenten. Los silencios, la entonación, el contexto, lo que no se dice, forma parte del mensaje.

Y la asertividad, esa capacidad de hacer prevalecer nuestra opinión sobre la del otro, sin que éste se sienta mal, es todo un arte. Y nada fácil de conseguir.

Realmente, un docente con un alto grado de inteligencia emocional difícilmente se siente frustrado. Tendrá sus momentos bajos, pero sabrá superarlos. Y lo hará.

   

 

         

4.    Dificultades y objetivos alcanzados

 

La única dificultad que hemos tenido es la de acoplar nuestros horarios para reunirnos. Aunque mayoritariamente los profesores del grupo pertenecemos al claustro del IES Isabel de España, tenemos compañeros del Centro Politécnico y del IES Tomás Morales.

Entre los objetivos logrados señalaría el haber desarrollado la empatía. Los profesores del grupo hemos logrado un buen clima de relaciones en el aula. No tenemos conflictos de disciplina en nuestras clases. La actitud de los alumnos ha mejorado. Son más participativos; cada uno, a partir de su diversidad, realiza con ilusión su trabajo. ¿Cabe pedir más?

Actualmente estamos desarrollando una serie de actividades, cada uno desde nuestra disciplina, dirigidas al desarrollo de la personalidad; todas ellas tienen como base la reflexión y el descubrimiento. 

 

 

 

5.    Valoración

 

La experiencia que estamos desarrollando es muy positiva, hasta tal punto de que hemos ido extendiendo nuestro marco de acción. En el año 1999, como ya he citado, iniciamos nuestra investigación con un grupo de trabajo  que este año está en su segundo año de vida. Los resultados obtenidos a nivel personal y con nuestros alumnos nos animaron a presentarlo al claustro, donde se aprobó la realización de un proyecto de centro que es la puesta en práctica de los resultados de nuestra investigación. Para ello, se han elegido dos grupos de 3º de E.S.O., y se está desarrollando la escucha activa.

En el mes de septiembre de 2000,  once profesores nos desplazamos a Málaga para asistir a un curso de Educación emocional diseñado expresamente para nosotros, partiendo de nuestros propios intereses. El curso tuvo una duración de cuarenta horas.

En febrero de 2001, decidimos ampliar nuestra investigación y presentamos un Proyecto Europeo, Sócrates, en la acción Comenius 1. Trabajeremos las emociones con cuatro institutos como centros asociados:  Lysée Camille Sée, de Colmar (Francia), Institut Saint Laurent, de Lieja (Bélgica), el Instituto Joan Ramon Benapres, de Sitges (Barcelona) y el Colegio La Anunciata de León.

Actualmente son muchos los docentes sensibilizados en el tema de las emociones. Esto nos llevó a formar una asociación a nivel europeo: S.I.C.E. (Sociedad de Investigación Científica de las Emociones) en la que participamos docentes de todos los niveles educativos: de Educación Primara, Educación Secundaria y Universidad. Este es sólo el inicio de un largo camino que queremos recorrer.