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Grandes hitos
de la Cartografía
INTRODUCCIÓN
Este trabajo de
cartografía histórica ha pretendido analizar el desarrollo de
la historia de los mapas desde sus comienzos hasta el Renacimiento
(siglo XVI), momento de aparición de una nueva cartografía en
la que estudiosos con formación astronómica y matemática irán
tomando el relevo a viajeros y navegantes. Su preparación científica
les conduce a imaginar nuevas proyecciones con las que llevar
al plano, lo más correctamente posible, las conclusiones de un
mundo esférico.
RESUMEN DE LOS
GRANDES HITOS DE LA CARTOGRAFÍA
La aparición de
los mapas se produjo antes de la historia, es decir, con anterioridad
a la aparición del relato escrito, y se utilizaron para establecer
distancias, recorridos, localizaciones... y así poder desplazarse
de unos lugares a otros. En esta primera etapa dos son los tipos
de mapas existentes: uno, el mapa instrumento, realizado con una
finalidad informativa, utilitaria, como el de las islas Marshall,
y otro, el mapa imagen, que representa un nuevo concepto más intelectual
y que tiene un doble sentido, es un instrumento que tiene una
utilidad inmediata pero, a su vez, es también una imagen, ya que
en ellos aparecen la representación de la Tierra, conceptos cosmológicos
o religiosos..., pero centrado principalmente en el mundo del
autor que lo construye; un ejemplo, el mapa del mundo babilónico,
mapa circular como corresponde al panorama natural del horizonte.

Mapa babilónico. British
Museum
Los mapas actuales
se basan en la geografía matemática que se inició en la Grecia
clásica, y aunque los avances cartográficos conseguidos por los
griegos llegaron a niveles de perfección que no volvieron a ser
igualados hasta el siglo XV, la idea general del mundo de la que
partían no era muy distinta de la de los babilonios. Fueron los
sabios cosmógrafos, astrónomos y matemáticos los que establecieron
las primeras directrices para la representación científica de
la superficie terrestre. Destacan Anaximandro y Hecateo, que enlazan
con las tradiciones babilónicas, pero, sobre todo, la figura de
Eratóstenes, quien dividió la Tierra en meridianos y paralelos
aunque únicamente trazados sobre lugares bien conocidos y a intervalos
irregulares ( y no regulares como realizaría posteriormente, en
el siglo II a.C. Hiparco de Nicea).
Otro cartógrafo
griego es Ptolomeo, que vivió en el siglo I y II d. C. y cuya
obra marca, a la vez, el apogeo de la cartografía antigua y el
final del gran impulso investigador de los alejandrinos en ese
campo. Aunque no ha llegado a nosotros ninguno de sus mapas, sin
embargo, su famosa Geografía, nos ha legado una información fundamental
para reconstruir posteriormente todos los lugares conocidos en
aquel momento en Grecia -el ecúmene-, y levantar los mapas utilizando
sus reglas: orientación con el norte arriba, el cálculo de las
coordenadas y la reproducción de la esfera terrestre por medio
de una proyección cónica.
En Roma, al contrario,
no se nota ese avance de la cartografía experimentado en Grecia
y hay que distinguir el mapamundi, que sigue el modelo circular
jonio y que fue común en la Edad Antigua, y los itinerarios -totalmente
prácticos- que despiertan un mayor interés y que señalan las rutas
que iban a usar los ejércitos, los comerciantes...
A partir del derrumbamiento
del I. Romano se produce en Europa un vasto retroceso cultural,
que también se observa en los conocimientos geográficos que habían
permitido dibujar con sobrada precisión las tierras conocidas.
En este momento desaparece el sistema de medición por coordenadas
y la geografía matemática es sustituida por otra basada en expresiones
de la Biblia, que induce a pensar que la Tierra es plana. Estos
mapas que no tienen carácter científico son, en cambio, obras
de una gran belleza que reflejan una concepción teológica del
mundo. No tenían ninguna utilidad para la navegación.

Mapamundi de Hereford.
Inglaterra 1290
Pero, paralelamente,
y después de un largo periodo de silencio, se inicia un movimiento
de recuperación de los clásicos griegos por obra de los árabes
en los siglos VIII y IX. A partir de esta última fecha, el mundo
islámico produce su propia cartografía, convirtiéndose en el continuador
del desarrollo científico antiguo. Estos avances cartográficos
llegan principalmente hasta Europa gracias a los intercambios
de carácter comercial que se mantienen con los árabes, relaciones
que se hicieron más fluidas durante el siglo XIII, provocando
un mayor conocimiento por parte de los occidentales del mundo
oriental. La gran figura será Al-Idrisi que usó como principal
fuente el trabajo de Ptolomeo.

Tabla Rogeriana. Al
- Idrisi 1154
Sin embargo, los
avances de la cartografía en Europa fueron posteriores ya que
los europeos no comenzaron a buscar nuevas vías de comercio hasta
que no vieron cerrarse las rutas con Oriente, produciéndose en
ese momento un florecimiento de la elaboración de mapas. El interés
que despertó en los grandes reinos cristianos (España y Portugal)
hizo que se financiaran grandes empresas marítimas abandonando
el punto de vista del teólogo (el más importante durante el medioevo)
y tomando en cuenta el del navegante.
Surgen así los
portulanos, término con el que se designan las cartas náuticas
que tuvieron su apogeo desde el siglo XIII al XVI e incluso el
XVII. En su origen esta palabra designaba los cuadernos de instrucciones
en que los navegantes anotaban los rumbos y las distancias entre
los puertos. A partir de la introducción del uso de la brújula
en el Mediterráneo (finales del s. XIII) y del desarrollo del
astrolabio, estas notas adquirieron una precisión cada vez mayor
y comenzaron a redactarse libros de derrota en los que se detallaban
los rumbos y las distancias. Trasponiendo los datos de estos libros
a pergaminos y uniendo los distintos puntos entre sí, se trazaron
las primeras cartas náuticas con ciertas garantías, a las que
se denominó "cartas portulanas" o "portulanos".
No tenían coordenadas pero se trazaban a escala, de tipo lineal,
que permitía indicar las distancias entre los distintos puertos
en leguas marinas.

Atlas catalán. Abraham
Cresques. 1375
Este tipo de mapa
coexistió con la cartografía tradicional que se realizaba en los
ambientes monásticos. Sobresalen la Carta Pisana, el portulano
de Angelino Dulcert, donde se representan por primera vez las
Islas Canarias, y el Atlas catalán de Abraham Cresques.
En el siglo XV
un nuevo hecho viene a marcar un avance importante, es el redescubrimiento
de Ptolomeo,

Mapa Ptolemaico. Edición
de Ulm. 1482
momento a partir
del cual la cartografía comenzó a adoptar técnicas más innovadoras
que permiten levantar nuevos mapas en la época de los grandes
viajes de exploración. Los europeos cultos volvieron a pensar
en una Tierra esférica y combinando las enseñanzas ptolemaicas
con las aportadas por los portulanos, se creó el armazón del desarrollo
cartográfico renacentista hasta la época de Mercator y Ortelius,
quienes pusieron fin al imperio cartográfico de Ptolomeo a mediados
del siglo XVI .
BIBLIOGRAFÍA.
Enciclopedia
Espasa Calpe. Volumen 44.
Enciclopedia
Larousse.
Líter, Carmen
y otras. "Geografía y Cartografía Renacentista".
Historia de la Ciencia y de la Técnica. Editorial Akal. 1992.
"Mapas
antiguos del mundo". Agualarga Editores. 1996.
Matos, Artur
Teodoro de. "Henrique o Navegador". CTT Correios.
1994.
"Navegación".
Exposición Universal. Sevilla 1992.
Nebenzahl,
Kenneth. "Atlas de Christophe Colomb et des grandes découvertes".
Bordas. 1991.
Raisz, Erwin.
"Cartografía. Editorial Omega. 6ª edición.
Tous Melián,
Juan. "El plan de las Afortunadas islas del Reyno de
Canarias y la Isla de San Borondón". Museo Militar Regional
de Canarias y otros. 1996.
Whitfield,
Peter. "The image of the World. 20 Centuries of World
Maps". Pomegranate Artbooks. San Francisco. 1994.
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Han colaborado
en este trabajo:
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Laura
Bello del Pino
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Idaira
Delgado Sambola
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Virginia
Naira Hdez. Hdez.
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Raquel
Perdomo Gallardo
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Chamaida
Plasencia Rguez.
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Ana A.
Valverde Calcines
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Coordinados
por:
Mercedes
Coderch Figueroa
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