| ÍNDICE
Abstract
Introducción
Naturalistas del siglo XVIII
El
Camino de Chasna
Descripción
del camino
Usos
tradicionales del camino
Vegetación
Actividades pedagógicas
Cuestionario histórico
Práctica
de vegetación
Otras
cuestiones sobre el trabajo de campo
Práctica barométrica
Bibliografía |
LA EXCURSIÓN
HISTÓRICO-CIENTÍFICA COMO RECURSO DIDÁCTICO:
EL TEIDE Y LOS
NATURALISTAS DEL XVIII.
ABSTRACT
Este trabajo muestra un ejemplo de las
posibilidades didácticas que puede ofrecer una excursión para la enseñanza de Hª de la
Ciencia en Secundaria. La excursión elegida, "El Camino de Chasna", recorre
parte del antiguo camino que utilizaron los viajeros y naturalistas de los siglos XVIII y
XIX en su ascensión al Pico del Teide, en Tenerife.
El material consiste en una descripción
del camino, sus usos históricos, una breve biografía de los personajes más relevantes
que lo atravesaron y unas actividades prácticas de carácter interdisciplinar que se
pueden ir desarrollando a lo largo de la ruta.
INTRODUCCIÓN
Al intentar elegir una ruta para realizar
una excursión histórico-científica que sirviera como un ejemplo claro de actividad
interdisciplinar, pensamos que el marco ideal sería el estudio del Camino Real de Chasna,
ruta seguida por los aborígenes de Tenerife, así como por los habitantes de la Isla en
los siglos posteriores a la conquista - hasta hace relativamente pocos años -. Además,
en los grandes viajes que los naturalistas de los siglos XVIII y XIX hicieron a Canarias,
ésta fue la ruta seguida por todos ellos desde la villa de La Orotava para llegar al
Portillo y luego ascender al Teide.
A medida que hemos ido informándonos,
hemos visto que tiene muchas más posibilidades de las que habíamos pensado en un
comienzo.
Paulatinamente han llegado hasta nosotros
diversos estudios y documentos sobre este Camino Real que demuestran el interés
despertado por este viejo itinerario insular, y los intentos de una serie de entidades
públicas e investigadores de recuperarlo, en la medida de lo posible. Una vez finalizados
estos trabajos, la información podría ser utilizada no solamente con fines turísticos
sino también podría servir para realizar estudios de diversa índole que instruyesen a
profesores y alumnos sobre el papel que, a lo largo de la Historia de Tenerife, ha
desempeñado el Camino, a la vez que les permitiría realizar una serie de actividades
pedagógicas de carácter interdisciplinar.
Entre los documentos consultados está la Guía
del Camino Real de Chasna del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ICONA,
y un Proyecto del mismo Ministerio sobre la Recuperación integral del Camino Real de
Chasna, dirigido por el Dr. Ingeniero de Montes D. Miguel Castroviejo. Deseamos que
este interés persista en la actualidad y que la recuperación del Camino se haga realidad
lo más pronto posible.
Finalmente, queremos agradecer a los
profesores de la Universidad de La Laguna Matilde Arnay de la Rosa, J. Víctor Febles
González y Juan Ramón Núñez Pestano su colaboración, al cedernos su excelente trabajo
El Camino de Chasna: Trazado y Usos, que está en curso de publicación. Esperamos
que esta obra esté al alcance de todos en una fecha próxima ya que es un trabajo de
enorme interés para la historia de Canarias y, en particular, la de la isla de Tenerife.
Además, para la realización del presente
trabajo, y aparte de consultar la bibliografía existente sobre el tema, hemos recorrido
el trayecto del Camino de Chasna, comprobando el lamentable aspecto que presenta en el
tramo La Orotava-El Portillo. También se ha hablado con algunos lugareños que hemos
encontrado en nuestras excursiones y que nos han aportado datos curiosos sobre el camino.
NATURALISTAS DEL SIGLO XVIII
Durante los siglos XVIII y XIX numerosos
naturalistas visitaron las Islas Canarias. El interés que despertó el Archipiélago en
estos viajeros obedece a razones muy variadas y, entre ellas, podríamos resaltar las de
tipo científico, ya que las Islas tienen una naturaleza volcánica, poseen una peculiar
vegetación, en ellas está localizado el legendario Teide y en esos siglos se va a
desarrollar un enorme interés por el cálculo de su altura, el tema de la longitud...
Entre los naturalistas del siglo XVIII que
visitan Canarias destacaremos, por la mayor relación que tienen con nuestro trabajo, las
figuras de Louis Feuillée, Borda y Humboldt, que subieron al Teide en los años 1724,
1776 y 1799 respectivamente, sin que ello signifique un menosprecio por otros naturalistas
también brillantes que, con sus comentarios sobre nuestra isla, han contribuido
enormemente al conocimiento de nuestro paisaje en los siglos pasados.
Las Islas Canarias en la
cartografía del siglo XVIII. Tomado de la obra Viajeros y naturalistas en el siglo
XVIII de Alfredo Herrera Piqué.
BIOGRAFÍA DE FEUILLÉE (1660-1732)

Astrónomo, botánico y
viajero francés. Pasó sus primeros años en un convento de religiosos de los Mínimos,
en Provenza, orden en la que hizo votos. Desde muy joven adquirió prestigio por sus
sólidos conocimientos de astronomía y física, así como por sus observaciones e
investigaciones, que le proporcionaron una excelente reputación. En 1700 fue admitido
como miembro de la Academia Real de Ciencias de París.
Se convirtió en un
experto viajero científico. Entre 1700 y 1701 viajó a Oriente comisionado por Jacques
Cassini para determinar la longitud, latitud y declinación del imán en los principales
puertos de la región oriental del Mediterráneo; estuvo en las costas griegas y en las
islas de Rodas y Candia, así como en los puertos principales de Asia Menor. En 1703
emprendió un viaje a las Antillas, arribó a la isla de Martinica y recorrió varios
puntos de la costa venezolana.
Después de regresar a
Francia, en 1706, fue nombrado Matemático del rey. Un nuevo viaje le llevó a las costas
orientales de la América del Sur y, durante el trayecto, hizo una escala en el puerto de
Santa Cruz de Tenerife el 24 de mayo de 1708. En América su actividad se centró en las
observaciones astronómicas, trazado de mapas y descripción de la flora y la fauna,
formando colecciones de plantas y de minerales; realizó, asimismo, observaciones de
carácter etnográfico.
Reconociendo la valía de
los trabajos realizados, Luis XIV hizo construir en Marsella un observatorio al frente del
cual puso a Feuillée. En 1724 la Academia de Ciencias le encomendó realizar un viaje a
las Islas Canarias, concretamente a la del Hierro, para hacer la determinación del primer
meridiano y fijar la diferencia en longitud existente entre éste y el Observatorio de
París. Durante su estancia en el archipiélago canario, Feuillée calculó la altitud del
volcán Teide y aprovechó para llevar a cabo observaciones botánicas. Este viaje se
puede considerar el hito que marcó el comienzo de la exploración de la naturaleza
insular.
El padre Feuillée
publicó la relación de sus dos viajes a la América central y del sur y una historia
natural de las plantas medicinales usadas en los reinos de Perú y Chile.
Las notas científicas
recogidas por Feuillée durante su estancia en Canarias fueron estudiadas con interés y
posteriormente comentadas por sus colegas franceses en las memorias de la Academia de
Ciencias de París. En 1746, Nicolás Louis de La Caille publicó un extracto del viaje de
Feuillée a las Canarias.
Instrumentos utilizados
Por la propia relación de su viaje
sabemos que Feuillée utilizó en las Canarias por lo menos los siguientes instrumentos,
que fueron transportados desde Marsella:
- Un semicírculo. Según Feuillée
"el semicírculo es un instrumento de los más cómodos, de los más seguros y de los
más fáciles de usar. Este del que yo me he servido es de más de un pie de diámetro y
provisto en el sitio de las alidadas de dos buenos anteojos, el uno fijo sobre su
diámetro, el otro móvil; el semicírculo está dividido en 180º, tiene una brújula
exactamente dividida en 360º, cuya aguja es muy viva. Esta brújula me había servido
para observar la variación del imán en varios sitios".
- Un cuarto de círculo.
- Dos termómetros de espíritu de vino,
que se rompieron accidentalmente durante el descenso del Teide.
- Barómetros construidos por el propio
astrónomo con su mercurio y sus tubos de cristal. Feuillée explicó el procedimiento
utilizado para construir el barómetro, haciendo pasar cuidadosamente el mercurio por un
paño con el objeto de conseguir su mayor limpieza e introduciéndolo en un tubo de
cristal de 32 pulgadas de longitud. Más tarde se consideraría que el barómetro de
Feuillée, mal privado de aire, carecía de la exactitud necesaria y, setenta y cinco
años después, Humboldt recordaba que estaba constantemente demasiado bajo en seis, ocho
o más líneas.
- Un reloj de péndulo.
Cuadrante de Picard
El resultado de sus investigaciones fue
desigual. En la medición del Teide tuvo un error de cálculo; su medición
trigonométrica adoleció del defecto originado por una base (la zona de playa próxima a
la antigua ermita de La Paz en el Puerto de la Cruz) que no era completamente llana. Sin
embargo, en la fijación de las respectivas posiciones de La Laguna y de La Orotava estuvo
más acertado.
BIOGRAFÍA DE JEAN
CHARLES BORDA (1733-1799)
Matemático y geodesta francés. Fue
llamado al servicio de la Marina en 1867. En calidad de comisario de la Academia de
Ciencias, en 1771 se embarcó en la fragata La Flore para la verificación de
varios relojes marinos. En 1774 y 1775 visitó las Azores, Cabo Verde y puntos de la costa
de África. En el año siguiente fue encargado de determinar con mayor exactitud la
posición de las Islas Canarias. En este proyecto se sirvió de nuevos procedimientos de
cálculo para realizar levantamientos astronómicos obtenidos por instrumentos de
reflexión. Ello dio como resultado una excelente carta geográfica de este archipiélago
y de la costa occidental de África.
Borda vino dos veces a Canarias. En el
primer viaje, en 1771, midió la altura del Teide y en esta medición obtuvo una altitud
de 1742 toesas; asimismo, en enero del año siguiente, hizo una medición a la vela, con
un sextante, cuyo resultado aportó una altura del Pico de 1701 toesas sobre el nivel del
mar. Los resultados eran inexactos.
En 1776 el gran geodesta volvió a la isla
y realizó nuevos cálculos. Fue entonces cuando obtuvo el resultado de 1905 toesas
(3.712,8 m) que constituyó la primera determinación exacta de la altitud del Pico sobre
el nivel del mar.
Borda fue uno de los más grandes
geómetras franceses. Publicó tablas trigonométricas y tablas logarítmicas de gran
utilidad, y redactó la relación del viaje de La Flore, en unión de Pingré y
Ferdun de la Crenne.
Círculo de Borda
|
Instrumentos y operaciones realizadas
por Borda en su primera visita a Tenerife. |
Tomado de |
Viajeros y naturalistas en el siglo
XVIII de |
Alfredo Herrera Piqué. |
|
BIOGRAFÍA DE ALEJANDRO DE HUMBOLDT
(1769-1859)
Célebre naturalista alemán.
Desde muy joven sintió interés por la ciencia, especialmente por la botánica. A partir
de los veinte años viajó por Europa. Estudió geología e ingeniería de minas, al
tiempo que se dedicó también a la experimentación científica. Dotado de bienes de
fortuna, pudo desarrollar su atracción por los viajes y en 1799 inició, con el botánico
Bonpland, uno de los viajes científicos más famosos en su tiempo. Durante cinco años
exploró y estudió vastas regiones de América del Sur, navegando por todo el Orinoco. En
Ecuador ascendió al Chimborazo, volcán de 6.300 m. de altitud, en una hazaña que hasta
entonces nadie había realizado. Estudió los volcanes americanos, observando que su
dirección se correspondía con fracturas de la corteza terrestre. Humboldt estudió
también las corrientes marinas de la costa oeste de Sudamérica, por ello denominada corriente
de Humboldt. Durante su viaje recogió una rica colección de historia natural y con
Bonpland herborizó la flora autóctona de estas regiones y describió nuevas especies.
Después de regresar a Europa
escribió el relato de esta expedición, una de las obras más importantes de la
literatura científica: Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente;
consta de varios tomos y comenzó a publicarse en París en 1814. Humboldt se había
convertido para entonces en un sabio de elevado prestigio y en uno de los hombres más
famosos de Europa.
Su mente inquieta y organizada
le mantuvo ocupado en el cultivo de distintas disciplinas científicas. Formuló la
ciencia de la geobotánica, relacionando la tipología y características de las especies
vegetales con el medio y con la altitud. Colaboró con Gay Lussac en la realización de
experimentos sobre la composición de la atmósfera. Introdujo el uso de las líneas
isotermas en los mapas, como medio para la comprensión de la geografía de la Tierra.
Siempre tuvo una visión global de la ciencia que enriqueció todas sus concepción y
planteamientos con respecto a la naturaleza y a la vida en nuestro planeta.
Durante su estancia en Tenerife
realizó una excursión al Teide y subió hasta la cima. Sus observaciones le permiten
diferenciar varios estratos de vegetación asociados a las diversas altitudes y hacer otra
aportación muy interesante: un exhaustivo y profundo análisis de todos los cálculos y
trabajos de medición realizados hasta entonces para determinar la altitud del Teide desde
Feuillée (1724) hasta Cordier (1803).
Cuando contaba más de setenta
años inició la redacción de su obra Cosmos, en la que reunió todos sus
conocimientos y acreditó la sabiduría adquirida a lo largo de su vida. Este libro,
compuesto por varios volúmenes, contempla a nuestro planeta de una forma orgánica, como
un solo conjunto, y funda la ciencia de la geofísica. Cosmos fue el
testamento científico de Humboldt.
EL CAMINO DE CHASNA
Croquis tomado del trabajo El
Camino de Chasna: Trazado y usos realizado por Matilde Arnay de la Rosa y J. Víctor
Febles González
EL CAMINO REAL DE CHASNA
 |
 Foto: M. Coderch |
1.- Descripción del camino.
El camino de Chasna ha sido una de las
principales rutas históricas de Tenerife. Este camino partía de la villa de La Orotava y
ascendía hasta El Portillo para luego bordear el circo de Las Cañadas, atravesar la
vertiente en la Degollada de Guajara y, por último, descender por dos ramales hasta
Granadilla y Chasna (Vilaflor), desde donde se podía seguir la ruta hasta otros pueblos
de esa parte de la isla. Es decir, es uno de los caminos que iban de banda a banda, que
comunicaban algunas comarcas del norte y sur de Tenerife, atravesando la cordillera dorsal
por los pasos de montaña o "degolladas".
La Orotava |
El Portillo |
Degollada de Guajara |
Vilaflor |
Granadilla |
400 m. |
2087 m. |
2.400 m. |
1.466 m. |
655 m. |

Perfil topográfico del Camino de Chasna.
Tomado de El Camino de Chasna: Trazado y Usos de M. Arnay de la Rosa y J. Víctor
Febles González.
A pesar de que los caminos de banda a
banda recibieron siempre una escasa atención por parte de las autoridades locales y,
apenas se realizaron algunas reformas y acondicionamiento de los tramos inferiores, porque
atravesaban el término agrícola de los pueblos, sobre el Camino de Chasna se dispone de
una información relativamente abundante, tanto de su trazado como de sus usos
principales. Además del trabajo de campo, que ha permitido reconstruir el trazado que
seguía esta ruta en fechas relativamente recientes, el trazado tradicional de esta vía
puede documentarse a través de las numerosas descripciones de viajeros de los siglos
XVIII y XIX.
El camino de Chasna era la ruta usual de
los viajeros y turistas que acudían a visitar el Teide partiendo desde La Orotava o el
Puerto de la Cruz, y por ello las crónicas y relatos de viajes aportan un buen número de
descripciones de esta primera etapa del camino que concluía en El Portillo de Las
Cañadas, permitiendo analizar la evolución del paisaje, las variaciones en el trazado de
la vía y los lugares de descanso tradicionales donde los transeúntes paraban para
abrevar el ganado, cargar sus provisiones de agua y pernoctar. El resto del camino de
Chasna, una vez rebasado El Portillo, fue menos frecuentado por los viajeros que visitaban
la isla y consecuentemente hay menos información histórica disponible, aunque siempre se
puede contar con algunos relatos de viajes del siglo XIX y principios del siglo XX y,
además, con la precisa anotación de las geografías descriptivas, guías turísticas y
mapas de Tenerife que se han podido recopilar.
El camino de Chasna podía cubrirse en
unas diez u once horas a lomos de mula, aunque lo frecuente era hacerlo en dos jornadas,
descansando en algún punto intermedio. El trazado del camino se dividía claramente en
tres grandes etapas, señalizadas por puntos de referencia o descansaderos que eran
utilizados frecuentemente por los transeúntes en su recorrido. Las tres etapas
principales dividían el camino en:
- El tramo La Orotava-El Portillo.
- El tramo El Portillo-Degollada de Guajara.
- El tramo Degollada de Guajara-Vilaflor.
Nosotros solamente hablaremos del primer
tramo, ya que fue el recorrido habitual de los naturalistas del XVIII y XIX y, por lo
tanto, el objetivo de nuestra excursión. (A continuación haremos un breve resumen de
este tramo).
Desde La Orotava al
Portillo de Las Cañadas
La primera etapa del camino de Chasna
arrancaba del barrio de El Farrobo, en la parte alta de La Orotava, para dirigirse hasta
la Fuente del Dornajito, que constituía la primera parada de los transeúntes. Las
descripciones de viajeros y las guías turísticas de fines del siglo pasado presentan
algunas dificultades para determinar esta primera parte del trazado del camino de Chasna,
pues desde fines del XIX las ascensiones al Teide comenzaron a efectuarse por la carretera
de La Perdoma hasta el barrio de Palo Blanco. A partir de ahí se ascendía hasta El
Portillo. Este camino alternativo permitía acortar la ruta y hacerla más fácil.
Valle de La Orotava y al fondo el Teide.
No obstante, siguiendo algunas de las
descripciones más antiguas y la cartografía disponible, se puede reconstruir con cierta
precisión el trazado primitivo del Camino de Chasna.
El camino atravesaba en el último tramo
el camino del Juradillo, una zona de cultivos, y se encontraba vallado para impedir que
los ganados pudiesen entrar en las fincas colindantes. Aunque el camino se encontraba
empedrado, la fuerte pendiente, el transporte de troncos y la acción de las lluvias
provocaban constantes desperfectos en el firme, de los que nos hablan con reiteración los
viajeros que subían al pico del Teide.
Vista del lavadero del Dornajo. Icod el
Alto.
El lugar conocido como el Pino o
Fuente del Dornajito constituía la entrada en el Monte Verde y era una zona de descanso
obligado en la ruta, como reflejan con gran detalle muchos relatos de viajeros. La fuente
del Dornajito se describe por primera vez en la relación del viaje al Pico de Tenerife
del naturalista Mr. Edems, quien efectuó su ascensión en 1715; en la versión de esta
crónica publicada por el abate Prevost se incluye la siguiente descripción: "Siguiendo
desde allí al pie de la montaña, llegaron a un llano, que llaman los Españoles el
Dornagito en el Monte Verde", nombre que toma, según Prevost, de un profundo
agujero que se halla un poco más adelante sobre la derecha en que cae un agua pura y
fresca de las montañas. Bien fuera porque las descripciones del valle de La Orotava y de
la ruta de ascensión al Pico de Mr. Edems (1715) y del padre Feuillée (1724) tuvieron
cierto impacto cultural sobre los viajeros que acudían a la isla buscando la ascensión
al Teide, o bien debido a su utilidad práctica y a la amenidad del paraje para realizar
un primer descanso, resultan ciertamente frecuentes las descripciones acerca de la fuente
del Dornajito y del pino que le servía de protección.
Alejandro de Humboldt señalaba
en su relato de la subida al Teide que estas aguas del Dornajito eran célebres en
Tenerife pues era la única fuente que se podía encontrar en la ruta de ascenso hacia el
volcán. De igual manera, el manuscrito del comerciante portuense Bernardo Cólogan
Fallon, quien ascendió al Teide en el mismo año que Humboldt (1799), recoge una nueva
descripción de la fuente, aunque la denomina Fuente de La Perdoma, lo que hace suponer
que para las gentes del país esta fuente solía denominarse con el mismo nombre del
caserío cercano de La Perdoma, dado que servía de aprovisionamiento a sus habitantes.
Cuando ascendió al Teide Leopold Von Buch, en 1836, el pino del Dornajito, que protegía
la fuente del mismo nombre, estaba ya muy dañado como consecuencia del aluvión de 1826 y
era uno de los pocos exponentes que quedaban del bosque de pinos que había descrito el
padre Feuillée en 1724. El pino del Dornajito acabó desapareciendo a mediados del siglo
XIX como señala el mayor A. Burton Ellis en la crónica de su ascensión al Teide, viaje
que debió realizar entre 1870 y 1885.
A partir de la fuente del
Dornajito comenzaba inmediatamente el Monte Verde y después de salir de la región de los
helechos, el camino entraba en la zona del pinar.
Vista de la región de los brezos.
Al abandonar la zona de los
helechos el transeúnte encontraba en primer lugar una cruz de madera, que marcaba la ruta
del camino de Chasna, conocida como Cruz de la Solera, y luego continuaba la ascensión
hasta el Portillo. En algunos casos, como en la ascensión de 1822 de M. Dumont D'Urville,
se solía descansar en algunas cuevas del camino, especialmente cuando se realizaba el
ascenso durante el día y había que esperar a que refrescase el tiempo antes de atravesar
los calurosos llanos de Las Cañadas.
Los puntos que señalaban el
camino en la segunda mitad del siglo XIX eran algunas cruces de madera que marcaban el
lugar donde habían sido encontrados los transeúntes que habían muerto de frío en
aquellas alturas, seguramente pobres del valle de La Orotava que acudían a recoger leña
de retama o que cargaban nieve de los pozos del Teide e Izaña y habían sido sorprendidos
por alguna tormenta.
Detalle del
mapa de la Isla de Tenerife de D. Tomás López, 1779 |
El Portillo constituía el punto final de
la primera etapa del camino de Chasna. Desde allí se desviaba el camino al Teide a
través del Llano de la Retama, en tanto que el camino de Chasna continuaba hacia el sur
bordeando el escarpe de Las Cañadas. Hasta la construcción de la Carretera La
Orotava-Vilaflor, el Portillo constituyó la auténtica puerta de entrada en el circo de
Las Cañadas para cualquiera que desease dirigirse al Teide o continuar hacia las bandas
del sur, partiendo desde el valle de La Orotava. El mismo topónimo indicaba la naturaleza
de este paso, que se asemejaba a una puerta monumental formada por dos grandes pitones de
lavas entre los cuales discurría el sendero que daba entrada a Las Cañadas.
Parte del camino se ha conservado, con
algunas interrupciones, hasta nuestros días y, hasta la construcción de la carretera La
Orotava-Vilaflor (se inició en 1921, entre 1921-1925 se consiguió el enlace con Las
Cañadas desde La Orotava y se concluyó en 1947), era la
principal vía de comunicación entre dos comarcas complementarias, y por lo tanto era
objeto de un tráfico relativamente abundante que se mantuvo al menos hasta la década de
1940-50. No obstante el abandono de la ruta antigua entre Vilaflor y La Orotava fue sólo
parcial, debido a que los usos residuales del camino continuaron perviviendo durante
cierto tiempo. Para el transporte de mercancías a lomos de mula, o para el traslado de
ganados entre las diferentes zonas de pasto, el antiguo camino seguía presentando algunas
ventajas que resultaban aún relevantes en la postguerra debido al escaso número de
vehículos a motor disponibles y el coste de los carburantes. El camino ofrecía
abrevaderos a lo largo de su recorrido y, si bien tenía un trazado más abrupto, hay que
señalar que era más corto, lo que lo hacía preferible a las amplias vueltas que daba la
carretera. Es por ello que el camino de Chasna continuó utilizándose durante cierto
tiempo y su abandono definitivo resulta bastante reciente.
2. - Usos tradicionales del camino.
Dado su largo recorrido, el camino de
Chasna presentaba una gran variedad de usos que iban más allá de la simple comunicación
entre las bandas del norte y sur de Tenerife, aunque esta fue siempre la funcionalidad
principal de la ruta.
Aparte de servir de comunicación, el uso
más importante del camino fue el agrario ya que, a través de él, los
habitantes de una y otra banda intercambiaban o vendían productos obtenidos en ambas
vertientes. Así, por ejemplo, el sur de la isla se convirtió en el granero del norte a
causa del rápido crecimiento de la población de La Orotava a partir de la primera mitad
del siglo XVI, y de la especialización agrícola de esta zona, primero en el cultivo del
azúcar y luego en el del vino. En los siglos XVIII y XIX los intercambios de semillas de
papas fueron muy importantes, y también se vendían en el Norte tanto fruta fresca como
pasada que llegaba sobre todo desde Vilaflor, junto con quesos y otros productos ganaderos
del sur. Precisamente, una de las personas entrevistada por nosotros, D. Pedro Morales
García, de 80 años, que vive en El Dornajito, nos contaba como había recorrido el
camino de Chasna llevando castañas en mulos para cambiarlas por higos, en una zona de la
vertiente sur antes de llegar a Guajara.
El camino de Chasna fue igualmente una
ruta de pastoreo tradicional que permitía comunicar los pastos del valle
de La Orotava con Las Cañadas y los montes y tierras baldías del sur de la isla. Las
Cañadas y los montes del valle de La Orotava constituían una zona de pastoreo
tradicional para el ganado, pues durante el verano eran muy numerosos los rebaños que
acudían a aprovechar la vaina de retama en Las Cañadas y a ramonear en el Monte Verde de
La Orotava.
En general, los pastores del sur de
Tenerife practicaban un sistema de trashumancia de banda a banda que consistía en
aprovechar los pastos de invierno de las costas del sur, para pasar a los pastos de Las
Cañadas durante la primavera y comienzos del verano, y acabar asentados en los montes del
valle durante el estío.
La práctica del pastoreo en los montes
del valle de La Orotava hizo que los pastores bajaran diariamente con sus rebaños a
vender la leche por las calles de La Orotava y Los Realejos, de manera que el camino
conocía un trasiego diario de ganados que bajaban desde los montes por la mañana para
retornar al mediodía al Monte Verde.
Otro uso importante fue la explotación
del monte que afectó a los tramos inferiores del camino de Chasna y
esencialmente la parte del Portillo a La Orotava. La elaboración de carbón y leña
constituía una actividad vital para los pobres del valle de La Orotava que subsistían
buena parte del año con la venta de estos productos, y tuvo repercusiones negativas por
la intensidad con que se hizo y, generalmente, de forma clandestina. El trazado del camino
de Chasna, de mucha pendiente, favorecía la explotación maderera (de pino canario y de
especies de la laurisilva del monte verde). La explotación de la madera debió remitir
paulatinamente a medida que la intensa deforestación acabó con el pinar de la parte alta
del Valle, pero aún continuaba practicándose a comienzos del siglo XX.
La explotación de los recursos de
las cumbres, además del pasto y la extracción de leña y madera, incluía
algunas actividades de menor consideración, que solían practicarse con cierta frecuencia
por los campesinos pobres de La Orotava. La demanda de hielo, para la
fabricación de sorbetes y limonadas, daba empleo a algunos que solían recoger bloques de
hielo en invierno y los conservaban en grutas situadas en la montaña de Izaña o en las
faldas del Teide, a donde acudían en verano para bajar el producto y venderlo en las
casas acomodadas. De igual manera se puede detectar la explotación del azufre
de las fumarolas del Teide, y en el primer cuarto del siglo XX la explotación del cisco
de retama, usado como mantillo orgánico en las fincas de plataneras. Por otra parte, las
extensas formaciones de retamar, tajinaste y hierba pajonera de Las Cañadas, suponían el
traslado de las colmenas a las cumbres durante la primavera y comienzos
del verano para explotar la miel de retama.
Finalmente hay que señalar que todos los
productos manufacturados que no se producían localmente eran transportados por esta ruta,
así como indicar que para resolver todas las cuestiones administrativas entre el norte y
sur había que desplazarse a través de ella, para comunicar el lugar de Vilaflor con la
cabeza de su partido judicial situado en La Orotava.
Esta información ha sido tomada del trabajo El
Camino de Chasna: Trazado y Usos, realizado por Matilde Arnay de la Rosa y J. Víctor
Febles González.
3. - Vegetación.
La ruta del camino de Chasna en este
primer tramo que llegaba hasta El Portillo fue, además de un relato frecuente en la obra
de viajeros y naturalistas, un auténtico laboratorio de estudios botánicos que permitió
a los naturalistas del siglo XVIII y comienzos del XIX estudiar sobre el terreno la
influencia de la altitud en la estratificación climática y en la consecuente
constitución del paisaje vegetal. Las obras del padre Louis Feuillée y, sobre todo, de
Alejandro de Humboldt constituyeron una auténtica guía descriptiva de los cambios
altitudinales en la vegetación que cualquier viajero podía percibir sencillamente a lo
largo de la ruta; de esta manera, los relatos posteriores nos permiten percibir con
claridad las transformaciones que se fueron operando durante los siglos XVIII, XIX y XX
como consecuencia de la intensa deforestación que desmanteló las diferentes masas
boscosas de la zona.
La descripción de Louis Feuillée
(1724) señalaba precisamente esa variedad de climas y paisajes vegetales que se
encontraban a lo largo de la ruta: desde la zona templada dominada por los cultivos
se pasaba a la región del monte verde y la bruma permanente; la
salida de la región de las brumas comenzaba a producirse en la zona conocida como Los
Charquitos y sobre ésta se encontraba el pinar, que ya en 1724
estaba reducido a un bosque muy clareado donde se apreciaban los efectos recientes del
temporal de 1722. El Portillo marcaba el final de la montaña de los pinos y se entraba en
un llano que estaba lleno de retamas.
Además, en esta ruta, describió el
endemismo de la Viola cheiranthifolia o Violeta del Teide.
Pero fue esencialmente la obra de Alejandro
de Humboldt (1799) la que contribuyó a difundir un modelo descriptivo de los
diferentes pisos de vegetación que presentaba el valle de La Orotava. Utilizando los
apuntes que le proporcionó Broussonet1
con posterioridad a su ascensión, Humboldt definió los cinco pisos principales de
vegetación que encontraba en su camino al Pico:
- la zona de las viñas
- la zona de los laureles (laurel,
madroño, mocán...). Incluye la laurisilva y fayal-brezal.
- el pinar (entre 900 y 1200 toesas
de altitud)
- la región de las retamas y la
región de las gramíneas.
Constituye la primera aportación de la
Fitogeografía como ciencia que trata de la relación entre la vida vegetal y el medio
terrestre en nuestro planeta
Otra figura importante es Leopold von Buch
(1836), un viajero que vino a Tenerife e hizo laboriosas investigaciones sobre ésta y las
islas adyacentes. Este naturalista dio a conocer nuevas conclusiones de sus estudios, más
exactas que las de Broussonnet. Establece las siguientes regiones:
1ª. - Región de las formas africanas,
0-200 toesas.
2ª. - Región de las parras y los cereales,
200-430 toesas.
3ª. - Región de los laureles, 430-680
toesas.
4ª. - La región del Pinus canariensis,
680-980 toesas.
5ª. - La región de las retamas,
980-1730 toesas.
Los viajeros posteriores añadieron
numerosos matices al señalar las transformaciones que percibían en su ascenso. La
región de los castaños que Humboldt había señalado en el primer tramo de su ascensión
desde La Orotava hasta el Pino del Dornajito, fue un aspecto que llamó la atención de
los viajeros que recorrían el camino de Chasna en su ascensión al Teide. Este extenso
castañar había sido implantado, a fines del siglo XVI, como bosque de sustitución del
antiguo fayal-brezal que cubría esta comarca; estas actuaciones se prolongaron durante
las dos centurias siguientes, haciendo desaparecer buena parte de los montes concejiles
del valle de La Orotava. Pero, entre fines del XVIII y comienzos del XIX, el bosque de
castaños fue transformado rápidamente en tierras dedicadas a cultivos anuales como la
papa y el millo, produciéndose una rápida erosión de los terrenos situados en la parte
alta del valle de La Orotava.
A la región de los castaños seguía
inmediatamente la lenta ascensión por el Monte Verde, que comenzaba inmediatamente
después de la fuente del Dornajito. Dominado por una espesa formación de brezos
arborescentes y laureles, tal como lo describió Alejandro de Humboldt, el camino era en
ese tramo una simple senda resbaladiza, donde los viajeros (que ascendían a lomos de
caballo o mula) rozaban con las ramas de los árboles que cubrían el camino. El pastoreo
permanente de los rebaños en el Monte Verde y, sobre todo, la práctica constante del
carboneo, casi habían destruido esa formación forestal a comienzos del presente siglo,
si bien esta gran masa de vegetación se ha restablecido parcialmente desde entonces.
Dado que el pastoreo y el carboneo se
concentraban en la parte alta del Monte Verde, donde había mayor disponibilidad de hierba
y donde la espesa capa de nubes cubría las fumarolas de las carboneras evitando la
denuncia ocasional, era esta parte alta del monte la más deforestada. El límite superior
del Monte Verde, donde la vegetación arbórea era más rala a consecuencia del carboneo
clandestino, era conocido con el topónimo de Los Charquitos en referencia a la humedad
del ambiente y a la formación de zonas encharcadas con una gran cantidad de helechos que
cubrían el suelo. Este cambio en la vegetación no pasó desapercibido para Alejandro de
Humboldt que lo recogió en su relación del Viaje a las Regiones Equinocciales al
señalar que tras el Monte Verde se entraba en la región de los helechos, constituyendo
seguramente una formación vegetal de sustitución como consecuencia de la deforestación
del fayal-brezal en sus cotas más altas.
El camino de Chasna, una vez que se
abandonaba el Monte Verde y la región de los helechos, entraba en la zona del pinar que
habían descrito en sus relaciones de viaje tanto Mr. Edems como Louis Feuillée y
Alejandro de Humboldt. Los árboles aislados que se encontraban en esta región del pinar
constituían puntos de referencia del camino de ascensión al Portillo y fueron descritos
con detalle en la relación de viaje de Mr. Edems en 1715. Estos puntos de referencia,
desaparecidos en la actualidad como consecuencia de la tala del pinar antiguo y del
abandono reciente de la ruta, aparecen reiteradamente en las descripciones de viajes
posteriores, pues los viajeros del siglo XIX utilizaban los primeros relatos de las
ascensiones al Teide como texto de referencia y solían realizar frecuentes anotaciones
sobre los pequeños cambios que hallaban en el trazado y en el aspecto del paisaje que
observaban.
Este tramo que llevaba desde el monte
verde al Portillo estaba poblado por un pinar disperso a comienzos del siglo XVIII, cuando
Mr. Edems realizó su ascensión por el camino de Chasna; pero ya en la época de la
ascensión de Louis Feuillée (1724) el pinar estaba muy clareado, pues a las frecuentes
talas que se habían ido produciendo, se había unido el efecto devastador del temporal de
1722. Los puntos que señalaban el camino en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el
mayor A. Burton Ellis realizó su ascensión al Pico por el camino de Chasna eran, como ya
hemos señalado, algunas cruces de madera.
ACTIVIDADES PEDAGÓGICAS
1.- CUESTIONARIO HISTÓRICO.
Con esta actividad se pretende que los
alumnos conozcan los rasgos básicos del Camino Real de Chasna. Para ello se les dará
este breve cuestionario al que responderán después de consultar las fuentes
bibliográficas que existen. La información se debe completar con la encuesta realizada a
campesinos que viven en las zonas que atravesaba el Camino, quienes deberán contestar
previamente a estas preguntas.
A. - ¿Qué es el Camino de Chasna?
B. - ¿Cuándo empezó a tener importancia y por qué?
¿En qué momento empezó su decadencia y cuáles fueron las causas?
C. - ¿Conoces los principales usos del Camino? Cita, por
lo menos, cinco usos.
D. - ¿Cómo está en la actualidad el Camino?
E. - ¿Crees que sería interesante su recuperación?
¿Por qué?
2. - PRÁCTICA DE VEGETACIÓN.
Con esta actividad se pretende conocer la
distribución altitudinal de la vegetación canaria, a la vez que comparar los perfiles
del siglo XVIII y XIX con el actual, para comentar posteriormente sus semejanzas y
diferencias. También creemos que sería interesante realizar un paseo con los alumnos por
la zona, tratando de hacer un perfil de los cultivos y de la vegetación que se encuentra
en el camino en la actualidad para posteriormente hacer una comparación que arrojaría
unos resultados mucho más interesantes. Durante esta caminata también se haría la
encuesta oral para completar las cuestiones históricas.
Las actividades, aparte del paseo, son las siguientes:
- - Realizar tres perfiles de vegetación de la vertiente
norte de Tenerife teniendo en cuenta la información que sobre este tema proporcionan los
naturalistas Feuillée (1724), Humboldt(1799) y Leopold von Buch (1836). Comentar los tres
perfiles comparándolos entre sí.
Feuillée:
* Zona de los cultivos
* Región del monteverde y la bruma permanente
* El pinar a partir de Los Charquitos
* Retamas en El Portillo
* Descripción de la violeta del Teide
Humboldt:
* Zona de viñas ¿400 m.?
* Laureles ¿entre 1000 m. -El Dornajito- y 900 toesas?
* Pinar entre 900 y 1200 toesas
* Retamas y gramíneas ¿más de 2338 toesas?
Leopold von Buch
* Región de las formas africanas 0-200 toesas
* Región de las parras y los cereales 200-430 toesas
* Región de los laureles 430-680 toesas
* Región del Pinus canariensis 680-980 toesas
* Región de las retamas 980-1730 toesas
( La equivalencia de una toesa en las medidas históricas
del HUTTE, Manual del Ingeniero, es de 1,949 m).
- - Pon en el cuarto gráfico los pisos de vegetación de
esta vertiente en la isla de Tenerife en la actualidad. Compara la distribución
altitudinal actual con las anteriores y saca conclusiones.
- - En el caso de que hayas realizado la excursión por esta
zona, ¿has comprobado si este perfil se puede considerar todavía válido o no? Justifica
la respuesta y si hubiera habido cambios intenta buscar posibles causas de estas
diferencias.
- - Feuillée escribió la siguiente frase al describir su
ascensión al «A las ocho de la mañana nos encontramos en la cumbre del Monteverde.
Allí vimos terminar las nubes tan espesas a través de las cuales habíamos pasado desde
nuestra partida de La Orotava. Comenzamos a entrar en una atmósfera mucho más pura que
aquella que acabábamos de dejar. La superficie superior de estas nubes nos cubría. Los
criollos de estas Islas Canarias llaman a este sitio Los Charquitos...».
Realiza las siguientes actividades:
a. Investiga la localización y altitud de Los Charquitos
para determinar la separación entre le monteverde y el pinar.
b. Explica por qué este naturalista habla de "nubes
tan espesas" y a continuación de "atmósfera mucho más pura". Trata
de explicar estos dos fenómenos y señala con qué factor climático están relacionados.
c. Busca información sobre cada uno de los pisos de
vegetación y sobre las principales especies vegetales que los forman.
d. Trata de establecer una conexión entre la
vegetación y el clima de Canarias.
Perfiles de cultivos y vegetación
3. - OTRAS CUESTIONES SOBRE EL TRABAJO DE CAMPO.
A. Busca información sobre algunos topónimos del Camino
de Chasna, explicando el origen de esos nombres: Barranco Siete Ojos, Barranco de la
Suerte del Reventón, El Dornajito, Aceviño, Montaña Bermeja...
B. Utilizando el mapa topográfico y la información oral,
señala las galerías de agua que existen cerca del Camino, su cota y averigua si tienen
caudal actualmente.
C. ¿Qué términos municipales actuales son atravesados
por el antiguo Camino de Chasna?
4. - PRÁCTICA BAROMÉTRICA.
Breve historia del la
invención del barómetro
El uso de bombas de vacío para extraer
agua es muy antiguo, se conocen ejemplares romanos encontrados en minas de la Península
Ibérica. Su funcionamiento se explicó durante cientos de años con la idea de que la
naturaleza aborrecía el vacío, pero a mediados del siglo XVII nuevos problemas
cuestionaron esta explicación. Fue entonces cuando en Italia y Francia se realizaron los
experimentos, brevemente descritos en estas líneas, que cambiaron radicalmente la
explicación de su funcionamiento, dando luz a la aparición de un nuevo instrumento: el
barómetro.
Una bomba de succión funciona igual que
nuestra boca cuando bebemos agua con una pajita; nuestros labios se cierran para que no
entre aire, y luego vamos desplazando nuestra lengua hacia atrás para crear un vacío que
succiona el líquido. Es el mismo mecanismo que utilizamos cuando llenamos una inyección
tirando por el émbolo.
Portada de un tratado de 1753
El propio acto de succionar se explicaba
antiguamente con la idea de que no existía ningún espacio vacío, que no era posible
crearlo pues la naturaleza lo aborrecía; por ejemplo, al tirar del émbolo de la
inyección el líquido rápidamente subiría para impedir ese intento de crear vacío
entre el líquido y el émbolo. Esta idea estaba sensatamente sustentada por la
experiencia, por ejemplo cuando queremos separar dos hojas buscamos una esquina para dejar
que el aire penetre, o también, para separar dos cubos de plástico encajados doblamos un
poco uno de ellos para permitir la circulación del aire. Si tirásemos directamente del
cubo de arriba estaríamos intentando crear un vacío entre ellos, y como la naturaleza lo
aborrece, se opondría a ello impidiéndonos sacarlo. Esta explicación duró casi dos
milenios, no sólo por la autoridad de sus defensores, sino por su coherencia lógica y su
constatación a través de la experiencia.
La experiencia, sin embargo, planteó un
nuevo problema difícil de explicar con el modelo del horror al vacío: ¿por qué los
fontaneros venecianos del XVII no podían bombear agua a más de 10 m por más que
mejorasen sus bombas?. Galileo mencionó el problema en su Discorsi (1638) y su
lectura provocó que alrededor de 1640 Gasparo Berti realizase un experimento
espectacular. Fijó a la fachada de su casa un tubo de plomo de 11m lleno de agua, bien
sellado por arriba con una tapa de cobre, y con su parte inferior colgando dentro de un
bidón lleno de agua. El tubo estaba provisionalmente cerrado por abajo y el experimento
consistía en abrir la parte inferior para ver si todo el agua se sostenía dentro del
tubo al estar sellado por arriba. Lo que ocurrió fue que el agua comenzó a bajar por el
interior del tubo y se detuvo cuando alcanzó los 10 metros, la misma altura que limitaba
las bombas. Algo estaba claro, no era la imperfección de las bombas lo que acotaba su
uso.
El viejo y sólido modelo entró en
crisis. Los que negaban el vacío tenían que explicar lo que llenaba el espacio que
quedaba entre el agua y la tapa de cobre, y los defensores de su existencia tenían que
responder a la pregunta de qué era entonces lo que sostenía la columna de agua.
Pocos años después, hacia 1644, el joven
físico y matemático Evangelista Torricelli (1608-1647) propuso repetir el experimento
sustituyendo el agua por mercurio. Se llenó un tubo de cristal sellado por un extremo y
se introdujo boca abajo sobre un plato que también contenía mercurio. Tal como esperaba,
el mercurio bajó un poco y se sostuvo a unos 760 mm por encima del mercurio del plato. La
explicación que Torricelli dio al fenómeno es la que aceptamos hoy como válida: la
columna se sostiene por la presión que ejerce el peso del aire sobre el mercurio del
plato, y en el interior del tubo, por encima del mercurio se crea un cierto vacío que no
ejerce presión sobre el mercurio.
Podríamos decir que la presión del aire
es tal que consigue empujar el mercurio hasta una altura de 760 mm; al agua, que es mucho
más ligera, la empujaría hasta unos 10 metros: una columna de agua de 10 m pesa lo mismo
que una de mercurio de 760mm y, lo mismo también, que una de aire tan alta como la
atmósfera. Esto explica la limitación de 32 pies (unos 10 m) para las bombas de vacío:
lo que realmente empuja el agua no es la succión del vacío sino la presión del aire, la
presión atmosférica; en La Luna, donde no hay atmósfera, por mucho que chupásemos por
la pajita nunca subiría el líquido.
Con el experimento de Torricelli el
barómetro estaba a punto de nacer: el propio experimento lo era, pues un barómetro no es
más que mercurio dentro de un tubo de cristal cerrado por arriba y sin aire, que se dobla
al final para no tener que llevar un plato. Podemos imaginar el barómetro como una
balanza equilibrada que sostenga una columna de mercurio de 760 mm en un platillo, y una
columna de aire, tan alta como la atmósfera, en el otro. Cuando hay mal tiempo baja la
presión atmosférica, el aire pesa menos, su empuje es menor y por tanto la columna de
mercurio desciende. Si la columna sube significa que estamos ante altas presiones, esto
es, buen tiempo. Las variaciones de la columna son así un sensor de los cambios de
presión del aire producidos por las variaciones metereológicas.
La explicación de Torricelli no fue
inmediatamente aceptada. Presuponía que el aire pesaba, lo cual puede incluso contradecir
nuestra experiencia pues, por ejemplo, vemos cómo el humo sube sin ejercer presión sobre
ninguna balanza. También presuponía que el aire es una capa de cierta altura que rodea
La Tierra, como si viviéramos en el fondo de un mar de aire, y en el XVII nadie había
subido más allá de alguna montaña mediana como para poder confirmar o refutar esa nueva
idea de La Tierra. Además, la nueva explicación enterraba otra que durante mucho tiempo
había parecido lógica y coherente con la realidad observable. Todo ello recomendaba
cierta prudencia antes de aceptar el nuevo modelo explicativo.
Experimento de Torricelli. Ilustración de un
tratado anónimo de 1688 sobre barómetros, termómetros e higrómetros.
El experimento de Torricelli era muy
sencillo de reproducir y tuvo una rápida difusión. En Francia, Pascal se interesó por
él, aunque fue su cuñado Florin-Périer quien realizó el siguiente experimento. Si la
explicación de Torricelli era correcta la presión que el aire ejercía en la cumbre de
una montaña tendría que ser menor que la existente al pie de la misma, ya que la columna
de aire tendría que ser más corta en el pico. Florin-Périer repitió el experimento
tres veces en un mismo día. La primera al pie del Puy-de-Dôme, la segunda a mitad de
camino y la tercera en el pico. Los resultados fueron concluyentes: la columna de mercurio
descendía a medida que se subía la montaña. Este crucial experimento no sólo
respaldaba el nuevo modelo sino que refutaba el
antiguo: si fuese la resistencia al vacío interno lo que sujetaba la columna de mercurio,
ésta no debería variar al subir la montaña.

Las mediciones barométricas del
Puy-de-Dôme vislumbraron una nueva utilidad del barómetro: medir la altura de las
montañas. Para ello bastaría con traducir las alturas de la columna de mercurio a
alturas sobre el nivel del mar, ya que a medida que se subía la montaña descendía la
columna de aire y por tanto la del barómetro. Si la atmósfera fuera siempre igual, la
traducción sería muy fácil: a tantos mm de mercurio tanta altura. Pero los cambios
atmosféricos de humedad y temperatura hacen variar el peso del aire, de modo que a una
misma altura podemos tener diferentes lecturas del barómetro según que el día sea seco
o lluvioso. Esta dificultad planteó un nuevo reto para la ciencia: encontrar una fórmula
física que calcule la altura de la montaña con los datos del barómetro, el termómetro,
etc.

Transcurrió más de un siglo desde el
experimento del Puy-de-Dôme hasta que Laplace, célebre físico y matemático francés,
proporcionó una fórmula precisa para medir alturas con la ayuda del barómetro.
Para ajustar los coeficientes de la
fórmula era necesario comparar mediciones barométricas y geométricas de una misma
montaña. Por ello cuando Borda, uno de los mejores geodestas franceses, realizó en 1776
la primera medición precisa del Teide, Laplace aprovechó sus mediciones para ajustar el
primer coeficiente de su fórmula al número 17972.

Humboldt nos da cuenta de ello en su Viaje
a las Islas Canarias (Lemus 95, p. 191):
El primer coeficiente de la fórmula
barométrica del Sr. La Place, publicado en 1978, se fundaba en la comparación de las
medidas barométricas y geométricas del volcán de Tenerife hecha por el Sr. de Borda. El
ilustre autor de la mecánica celeste a poco que ese coeficiente no daba alturas exactas,
lo sustituyó con otro suministrado por las excelentes observaciones del Sr. Ramond."
Nota:
La fórmula de Laplace de la práctica asociada a estas
notas
está sacada de un tratado de Física de 1866,
obsérvase que su primer coeficiente es el número 18393, algo mayor que el que se obtuvo
con las mediciones de Tenerife: 17972.
___________________________
Naturalista francés que llegó a las islas en los albores del
siglo XIX y que vivió en Tenerife durante más de tres años. Se dedicó al estudio de la
flora de Tenerife, especialmente en la vertiente norte. Herborizó, investigó y realizó
estudios y dibujos de la flora insular durante el tiempo en que residió en Tenerife,
aportando descripciones de nuevas especies. No publicó su trabajo.
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HISTORIA DE LA CIENCIA EN SECUNDARIA
Centro del Profesorado del Valle de La
Orotava
Fundación Canaria Orotava de Historia de
la Ciencia
Proyecto Penélope (P. Sócrates: Comenius
3.1)
I.E.S. Viera y Clavijo. La Laguna.
I.E.S. Villalba Hervás. La Orotava.
Material elaborado por Mercedes Coderch
Figueroa y Agustín Isidro de Lis
Mayo de 2001
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