PENSANDO UN MONTÓN EN
UNO
Un objetivo posible al enseñar Historia de
la Filosofía es que los alumnos capten el nacimiento de la filosofía como la
construcción colectiva de un tipo de discurso con sus nociones, relaciones y usos
retóricos. Al no estar originariamente separado el lenguaje filosófico del
mítico-religioso se puede perseguir la procedencia de los términos filosóficos a partir
de experiencias rituales o técnicas, de costumbres, de relatos mitopoéticos o de
disposiciones políticas, de usos médicos o jurídicos. Es interesante que los alumnos
constaten la relativa unidad y generalidad del saber filosófico de la época en
comparación con la pluralidad y especialización de las ciencias actuales, pues creo que
todos coincidimos en que la interdisciplinariedad es uno de los objetivos y ventajas de la
Historia de la Ciencia.
El conocimiento histórico, además de
explicar el pasado, sirve para dar cuenta del presente, haciendo tomar conciencia de la
historicidad de nuestra propia época. Y viceversa: en la enseñanza de la historia de la
ciencia no se puede soslayar el que los alumnos tienen determinados conocimientos sobre
las ciencias, y por tanto, una ideología implícita acerca de ella. Alimentan creencias y
expectativas, extraen valores y procedimientos; en definitiva, la ciencia es hoy día una
de las fuentes del sentido de la vida. Por eso no me parece adecuado reducir esta
disciplina a un sistema formal de enunciados sobre objetos y acontecimientos, o presentar
la ciencia como un sistema axiológicamente neutral en un aséptico mundo ideal. Hay que
mostrar que en la Antigüedad como ahora la construcción del saber es trabajo y azar,
acumulación y crisis, transmisión y polémica, que ocurre en una sociedad real, con una
política, economía y legalidad determinadas, y con diversas ideologías.
1. Lenguaje y Ciencia
Hace tiempo cayó en mis manos un texto de
Heisenberg (1955) donde exponía la posibilidad de que el fondo último de la materia
accesible al conocimiento humano fuera un amplio conjunto de partículas elementales, y no
unas pocas, como la mayoría de los científicos parecía esperar. Eso me hizo reflexionar
sobre la presencia en el lenguaje científico de ciertos conceptos y relaciones, que han
tenido importancia decisiva en la historia del pensar: principio y fin, lo uno y lo
múltiple, causa y consecuencia, cuerpo, forma, límite, espacio y vacío, azar y
necesidad, ser y devenir, verdad... Los usamos como vigas maestras en el andamiaje del
pensar, y por su frecuencia, han generado automatismos del pensamiento, como la creencia
implícita en que lo fundamental no sólo es más simple que lo que se deriva de ello,
sino que tiende a la simplicidad absoluta. Esta preferencia por lo simple no es
específica de la ciencia; la encontramos igualmente en la mitología y en la filosofía.
En la mayoría de las cosmogonías míticas el universo conocido procede de una divinidad
única o doble, aun siendo religiones politeístas. Las primeras cosmologías de los
filósofos griegos son unitarias y hay que esperar un siglo para que aparezcan las
teorías físicas pluralistas.
La física del siglo XX presenta,
afortunadamente, un aspecto bastante problemático. Las teorías de la relatividad y la
mecánica cuántica, así como la imposibilidad de conciliarlas, han producido notables
cambios en la percepción del universo, que se han trasladado a otros ámbitos de la
cultura. Por eso no es extraño que en La Naturaleza y los griegos Schrodinger
exponga que había estudiado a los filósofos presocráticos para comprender mejor la
ciencia actual, que Popper califique a Einstein de "Parménides en cuatro
dimensiones", que los científicos redescubran viejos temas filosóficos, como
Bohm con su distinción entre orden explicado y orden implicado, o Wheeler al afirmar que
en mecánica cuántica ningún fenómeno es real hasta que es un fenómeno observado.
Los avances de la física microscópica parecen haber diluido el mismo concepto de
realidad: Pero los átomos y las partículas no son tan reales; constituyen un mundo de
potencialidades, antes que de cosas o hechos (Heisenberg). En el terreno macroscópico
la relatividad se carga la idea de simultaneidad absoluta y el propio concepto de tiempo
se evapora: asado, presente y futuro son una ilusión (Einstein), El mundo
simplemente es, no ocurre (H. Weyl). Algunos científicos mantienen una epistemología
realista y afirman que las teorías físicas y sus formalismos matemáticos nos describen
el mundo tal como es; otros, más precavidos, adoptan una posición instrumentalista:
Es erróneo pensar que la tarea de la física consiste en descubrir cómo es la
Naturaleza. La física se ocupa de lo que podemos decir acerca de la Naturaleza (Bohr).
Es normal que ante este panorama
problemático muchos científicos pongan su esperanza en una futura Teoría del Todo, sea
el campo unificado, sea las supercuerdas. Para la mayoría de los físicos la teoría del
Big Bang es muy probablemente verdadera y con el tiempo se irá perfeccionando. Algunos
críticos discrepan por razones físicas o epistemológicas -como Hoyle o Feyerabend- y
piensan que tal teoría es un relato mito-científico urdido en base a las leyes locales
de la materia en nuestra zona del universo, más algunas observaciones, múltiples
extrapolaciones y unas pocas predicciones. Pero la física especulativa de gran estilo no
se detiene ante el escepticismo. En consecuencia, los estudiantes universitarios de
Ciencias creen en ella casi como en el teorema de Pitágoras, a pesar de sus fallos
predictivos sobre cuestiones de envergadura, tales como la densidad de materia en el
universo, la concentración de cada elemento atómico o la temperatura de la radiación de
fondo, a pesar de que no explica la existencia de radiaciones isótropas X y gamma, a
pesar de que la distribución de las galaxias contradice la postulada isotropía del
universo o a pesar de las dudas sobre el ámbito de validez de la ley de Hubble surgidas
de la observación de ciertas galaxias. Creo que hay un interesante paralelismo entre el
Big Bang y la cosmología milesia, cuya dignidad intelectual no desmerece de otras
cosmogonías míticas o científicas, como el Huevo cósmico de los órficos o los
vórtices cartesianos. En efecto, al igual que con Tales se inicia la cosmología
mitofilosófica con el Big Bang comienza la cosmología mitocientífica.
La mecánica cuántica ha sido terreno
abonado para interpretaciones plurales y contrapuestas: la de Copenhague, la de Einstein y
Schrödinger, las variables ocultas de Bohm... Ciertas preguntas básicas siguen estando
en el aire. )Debe interpretarse la cuantización como discontinuidad física o como
discontinuidad matemática? )Es un asunto experimental o estadístico? )Qué significa ser
una dualidad onda-partícula? )Son meras potencialidades estadísticas las propiedades de
la materia? )Qué sentido tiene la causalidad en la esfera cuántica? )Funciona ahí el
principio de localidad o hay acción a distancia? )Es el vacío un campo lleno de energía
o puro espacio geométrico? )Implica el principio de indeterminación la irrupción de la
subjetividad del observador en la objetividad física o no? Estos temas han popularizado
diversas paradojas y experimentos mentales, tales como la simultaneidad y los trenes, los
gemelos de Langevin y la elasticidad del tiempo, el gato de Schrödinger, el electrón y
las dos ranuras...Se han visto afectados conceptos con una larga tradición en nuestra
cultura: espacio, tiempo, realidad, materia, continuo y vacío, causa y determinismo,
sujeto y objeto...
La extensión de la ciencia es un factor
que contribuye a la proliferación de modelos alternativos, mientras que el incremento de
la comunicación entre científicos favorece la reducción y concentración de
alternativas. Se suele decir que la mayoría de los físicos sólo se interesan por su
trabajo y son insensibles a estos debates. Sin embargo, a los que sí aprecian la
especulación teórica esta situación de ambigüedad permite idear hipótesis y modelos
sugerentes y extravagantes, como los muchos mundos de Everett o la reinterpretación de
Wigner de la diferencia macroscópico/microscópico como materia/mente, mientras que otros
físicos reclaman la urgencia de un cambio lingüístico-conceptual. Es el caso de Bohm,
con su proposición de sustituir el atomismo lingüístico de las lenguas occidentales por
un nuevo lenguaje que describa la realidad en términos de una totalidad fluyente, el
reomodo. En términos más modestos Bell ha escrito: Bien pudiera ser que una síntesis
real de las teorías cuántica y relativista no requiera simplemente desarrollos
técnicos, sino una radical renovación conceptual.
El desarrollo de la física teórica ha
favorecido el desarrollo de novedosas técnicas matemáticas, como el álgebra de matrices
o el cálculo tensorial, así como teorías donde lo físico y lo matemático se imbrican
casi totalmente, como las supercuerdas y las simetrías de referencia. A la vez se acusa a
los físicos de recurrir con frecuencia a artificios matemáticos ad hoc sin significado
teórico para resolver anomalías; se ha puesto en duda, por ejemplo, la pertinencia
lógica de las técnicas de renormalización en teoría cuántica de campos para evitar
que ciertas variables tomen valores infinitos.
Este panorama de ambigüedad y crisis
estable no es exclusiva de la física actual; en cada ciencia tiene sus propios matices.
En las matemáticas se da una situación menos comprometida. Ahí están las paradojas
autorreferenciales de la teoría de conjuntos o el teorema de incompletitud de Gödel. Los
matemáticos intuicionistas rechazan el principio de tertio excluso y el concepto
de infinito, declarándose partidarios de una depuración de la actividad y el lenguaje de
las matemáticas. Los teoremas obtenidos por ordenador han puesto en cuestión el estatuto
de la demostración.
Algunos historiadores de las matemáticas
han tratado de conectar éstas con la estructura del lenguaje. Del mismo modo que se ha
relacionado la filosofía occidental del Ser con la estructura predicativa del griego, o
la filosofía de conceptos universales con la importancia de la función nominal en las
lenguas indoeuropeas, se ha relacionado el álgebra china con su escritura ideográfica y
el carácter particularista de sus matemáticas con la importancia de la función verbal
en la lengua china, y la relación entre el carácter algebraico de la matemática hindú
y la escritura lingüística del sánscrito.
La necesidad de una adaptación del
lenguaje a los nuevos resultados de la ciencia no pasa, según creo, por la ilusión de
crear un lenguaje perfecto, ni en términos algebraicos (Lulio, Leibniz) ni de morfología
racional (esperanto, volapuk); la lengua es una construcción social, y por tanto,
históricamente ambigua, en cuanto implica la subjetividad experiencial de múltiples
individuos y su transmisión en el tiempo. Así pues, el proceso de adaptación entre
lenguaje y ciencia debe ser una tarea permanente cuyos efectos sólo pueden ser percibidos
a largo plazo.
2. Nuestros antepasados y los números
Diversos estudios etológicos han mostrado
que especies animales mucho más antiguas que el hombre disponen de la capacidad de
distinguir entre cantidades reducidas. Podemos suponer que es una cualidad muy útil, por
ejemplo, para el control de la camada en las especies que tienen un corto número de hijos
en cada época de cría. Los estudios sobre nuestros parientes más próximos, los
primates, confirman su capacidad para reconocer cantidades pequeñas y formas geométricas
simples cuando se les suministran los estímulos adecuados. Podemos, pues, partir de la
hipótesis de que los homínidos de hace dos millones de años, que según parece, vivían
como cazadores-recolectores en grupos estables de 30 a 50 miembros, tenían la capacidad
de reconocerse entre sí como miembros de la misma comunidad sin necesidad de postular que
tuvieran una idea de la cantidad de individuos que la formaban. En efecto, todavía hoy
nuestra capacidad para percibir con exactitud cantidades de objetos semejantes es muy
limitada. De un simple vistazo es difícil distinguir si hay seis o siete burros en el
prado, cuatro o cinco moscas volando sobre nuestras cabezas. Esta reducida capacidad
perceptiva cuantificante ha dejado su huella, todavía en épocas recientes, en lenguas
donde los vocablos para cantidad se limitaban a uno, dos, tres y muchos. Creo que podemos
razonablemente abrigar la convicción de que los avances en la distinción de la cantidad
no se debieron producir antes del desarrollo del lenguaje, proceso que los paleontólogos
actuales, al estudiar la evolución del aparato fonador de los homínidos, calculan que se
inició hace 400.000 años como máximo y 100.000 como mínimo.
Todo origen es mítico; perseguir el origen
es un sueño nebuloso en el que hay que conformarse con aproximaciones. Es casi seguro que
nunca conoceremos el origen del lenguaje articulado ni el de los números, pero me cuesta
creer que los humanos que procedían a enterramientos rituales hace 70.000 años, no
hubieran desarrollado ya ciertas nociones de cantidad más complejas que las de los
primates actuales, aunque no haya pruebas de ello. Los fósiles más antiguos que muestran
posibles usos numéricos son los huesos de Lebembo y de Checoslovaquia, de hace 30.000
años, que tienen distintos agrupamientos de muescas y parecen haber sido usados como
archivos de cantidad. Algunos historiadores niegan a este sistema gráfico de
representación de cantidad el ser propiamente numérico, al no haber nombres de cantidad,
pero eso me parece un ejemplo de logocentrismo. Puesto que investigaciones recientes
señalan que la actividad ganadera pudo iniciarse en África hace 35.000 años, se ha
postulado que el primer desarrollo de los números estuvo ligado a la necesidad de contar
los rebaños, y que el surgimiento posterior de la agricultura, hace 15.000 años no hizo
sino reforzar.
La hipótesis es plausible, aun pareciendo
una extrapolación a partir de los que sabemos sobre la aparición de la escritura en
Mesopotamia. Las tablillas más antiguas con escritura, de tipo cuneiforme, proceden de la
civilización sumeria y han sido datadas en el siglo XXXIII; sólo contienen signos
numéricos y signos que representan ovejas, cabras, sacos de cereal... Se cree que a
mediados del IV milenio apareció la escritura, tanto en Sumer como en Egipto, para que el
Estado pudiera registrar cantidades de bienes agrícolas y ganaderos, a efectos
administrativos. Así, la invención de la escritura estaría ligada a la constitución de
los imperios antiguos, caracterizados por el crecimiento demográfico, el desarrollo
urbano y la centralización del poder.
A la operación de contar por acumulación
de inscripciones sobre un objeto podemos considerarlo un sistema en base uno.
Posteriormente evolucionó con la aparición de las bases dos y cinco. Es indudable que el
relieve del número 2 se halla vinculado a la división sexual. El sexo como metáfora fue
muy poderoso en las civilizaciones antiguas; por ejemplo, los historiadores han recogido
múltiples mitos de sexualización de la metalurgia, donde se concibe a la tierra pariendo
los metales en sus entrañas; entre los pitagóricos, la letra delta, simbolizaba el
arché geneoseos, principio generador, triángulo-vulva. Del proceso de contar por
emparejamiento se han encontrado numerosos ejemplos en pueblos centroafricanos,
polinesios, amazónicos y patagonios. Sus lenguas conservan en la denominación de los
números la huella de su construcción como sistema de base 2.
Nadie ha discutido que el empleo de la base
5, muy difundida, y sus posteriores ampliaciones a las bases 10 y 20, tenga su origen en
que el cálculo era manual. Diversas hipótesis han tratado de explicar la elección
sumeria de una base tan elevada como 60 para su sistema de numeración. Una de ellas
considera que fue el resultado de la fusión de dos pueblos, con numeraciones en bases 5 y
12. Esta base 12, que aún usamos los europeos en ámbitos restringidos, tiene un origen
más oscuro, pues no está atestiguada la existencia anterior de una base 6, y podría
derivar de la relación entre año lunar y año solar.
El éxito de un invento podría medirse por
la extensión y velocidad de su difusión; es seguro que los desarrollos concernientes a
la medida de la cantidad se difundieron rápidamente por mor de su utilidad. Hay indicios
de que ya en el cuarto milenio se habría difundido por distintas civilizaciones del
Creciente Fértil un sistema metrológico elaborado por algún pueblo indoeuropeo y que
fue aplicado en diversas técnicas, como la fabricación de ladrillos con medidas en
proporción 1: 2: 4. Del mismo modo, el éxito de la escritura cuneiforme, adoptada por
los pueblos vecinos de los sumerios, refleja la importancia de poder registrar cantidades
de manera indeleble.
Cuentan los psicólogos que la primera
separación que establece el niño -y le lleva meses realizarla- es entre yo y no yo,
entre su cuerpo y el mundo externo. En los pueblos más antiguos la separación
fundamental se establece entre nosotros -el grupo- y lo demás. Contar es unir: implica
reconocer que cosas distintas son también lo mismo; junto a la alteridad transparece la
unidad, juego de la diferencia y la repetición. Contar es también separar. Separar lo
distinto para unir lo mismo. )Cómo vería el pastor primitivo lo mismo y lo distinto al
contar? )Para contar una manada vería primero lo mismo -que eran cabras- o lo distinto
-un conjunto de individuos? Este método de separación y unión, tras milenios de
perfeccionamiento, conduciría al método por excelencia de Platón: generalización y
división.
Poincaré y Brouwer pensaban que la
concepción de los números enteros era resultado de la percepción, de la intuición de
las cosas sensibles; Russell, en cambio, consideraba que era connatural a la mente humana,
parte de su lógica implícita. Estudiando empíricamente el desarrollo intelectual del
niño, Piaget llegó a una conclusión intermedia entre las posturas anteriores: a partir
de la experiencia de operar con cosas concretas el niño llega a desarrollar el esquema
formal del número, principio de conservación de la cantidad.
3. Un mundo de dioses
La mirada de los antropólogos
decimonónicos quiso ver en el totemismo la respuesta humana al polimorfismo del mundo, un
modo de selección de seres y fenómenos naturales, elaborado en función de su interés
específico para el grupo humano, y sobre el que articular los correspondientes ritos para
simbolizar el trato mutuo; ritos a los que los mitos proporcionan el sentido verbal, medio
de conservación y transmisión. A esa mirada los antropólogos del siglo XX han
superpuesto una visión del totemismo como sistema simbólico para estructurar rasgos de
interés social, tales como las relaciones de parentesco. Enfrentado a la vasta pluralidad
de los seres naturales y de las relaciones sociales el hombre responde desarrollando un
espíritu taxonómico que intenta organizar lo real esquematizando.
Tal vez el miedo, como emoción primordial
del hombre ante un mundo que apenas controla, justifica la divinización de aquellos seres
y fenómenos naturales con quienes reconoce una relación de dependencia. Así, al
convertir las necesidades en rituales, el hombre se propone dominar mágicamente esas
relaciones mediante la repetición y guardar memoria histórica de ello. El animismo, la
fase más antigua del pensamiento religioso, se caracteriza por atribuir a todo lo
existente conciencia y voluntad. Esta proyección de lo humano sobre el mundo indica el
valor que concede el hombre a su propia capacidad perceptiva y a su capacidad de acción
como formas básicas de relación con lo otro. Este reconocimiento de la diferencia
humano/no humano, que a la vez postula una comunidad de sentir y querer, debió ir
acompañado de un sentimiento de inferioridad del hombre respecto a la Naturaleza. Tuvo
que ser la invención de la ganadería y la agricultura, así como el desarrollo de las
técnicas metalúrgicas, lo que marcó un cambio de rumbo en las relaciones simbólicas
del hombre con la Naturaleza. La domesticación de animales, plantas y metales, disminuyó
la dependencia del hombre respecto a su hábitat, fomentando su narcisismo.
Las sociedades con historia más antiguas
que conocemos, las mesopotámicas y la egipcia, de finales del cuarto milenio, se hallaban
en una fase avanzada de transición del animismo al politeísmo. Sus dioses aún no son
plenamente humanos, conservan cuerpos parcialmente zoomórficos; cuando el proceso esté
acabado, los rasgos animales y vegetales se habrán transformado en símbolos
convencionales que acompañan la representación iconográfica de dioses totalmente
humanos. Es el paso que va de la serpiente Tiamat, del halcón Horus, del mono Hanuman o
de los ángeles alados, a Dyonisos con su copa y sus pámpanos o a Hefesto con su yunque.
El politeísmo supone un incremento de la abstracción respecto al animismo: el
acontecimiento se ha desdoblado en agente y acción. El dios ya no es el ibis, la palmera
o el río; ahora hay un dios que regala con la llegada de los ibis, otro que hace
fructificar la palmera y otro que acrecienta el río. La manipulación técnica es
proyectada sobre la naturaleza y modifica la interpretación simbólica del mundo.
Se atribuye al faraón Amenhotep IV -siglo
XIV a.n.e.- el primer intento conocido de reducir el politeísmo al monoteísmo,
instaurando el culto de Atón como dios único. Aunque su tentativa fracasara fue el signo
anticipatorio de un proceso intelectual que culminarían los filósofos griegos y los
sacerdotes judíos en el siglo VI a.n.e. Suele vincularse la aparición del monoteísmo al
régimen de monarquía dinástica, donde se opera la propia divinización del monarca. Esa
separación simbólica entre el rey y los súbditos contribuye a justificar que el poder
con que los gobierna sea el mismo poder, solitario y total, con que el dios único dirige
el curso de los acontecimientos. Leemos en Homero: No es bueno el mando de muchos, el
de uno basta.
4. Mitología, poesía, filosofía
Decía Plutarco que la religión es la
contemplación de los misterios y la filosofía es la contemplación de lo eterno. El tipo
de discurso bautizado como filosofía nace dentro del discurso mítico-religioso y
lentamente irá marcando distancias; por eso hay abundantes elementos religiosos en los
pensadores presocráticos. La experiencia religiosa puede expresarse en forma de relatos
míticos, sentencias oraculares, poemas cantados o recitados, o en escenificaciones como
la tragedia. La expresión poética perdurará en algunos de los primeros filósofos, como
Parménides y Empédocles; en cambio, los físicos jonios escribieron en prosa. Entre la
poesía de Homero y la prosa de Tales hay la enorme distancia que va de un mundo oral a un
mundo con memoria escrita; por ello se ha dicho que el género filosófico nació como una
forma nueva de escritura.
En Grecia, desde el siglo VIII la religión
de los dioses olímpicos tiene un monumento didáctico: los poemas homéricos. Cuando
Homero invoca a las Musas Yo no podría decir ni nombrar la muchedumbre de héroes que
fueron a Troya está solicitando la inspiración divina para realizar su trabajo,
desgranar el relato de un tiempo pasado cuyos hechos deben perdurar como lección en la
memoria del pueblo heleno. Cuando Hesíodo, hacia el 700 a.n.e., reclama igualmente la
ayuda de las Musas para componer su Teogonía es interpelado así por ellas: Sabemos
decir muchas cosas falsas que suenan como verdades, pero también sabemos, cuando
queremos, decir la verdad. De este modo, Hesíodo está marcando distancias con
Homero: su intención no es trazar un relato emotivo y edificante con dioses y héroes,
sino dar una representación lógica de las grandes realidades de la Naturaleza
simbolizadas por los dioses: Tierra, Eros, Cielos, Noche, Día... Esta vinculación de la
verdad con lo divino se mantiene como una constante de la filosofía presocrática, con
escasas excepciones -como los sofistas y Demócrito- y perdurará en la Academia
platónica.
La cosmogonía hesiódica bebe de fuentes
babilónicas, hititas y hurritas. Con su Teogonía pretende explicar el universo como un
Todo, cuyo devenir escapa al poder del hombre, a quien no queda otra opción que
someterse. Hesíodo sitúa el origen en el Caos; aunque no hay unanimidad sobre su
significado hoy se lo interpreta como el espacio vacío, abismo primigenio que separa la
Tierra de la bóveda celeste, o bien, el acto de la separación; la versión del Caos como
desorden primordial fue un añadido estoico ajeno al espíritu de la obra. La acción de
Eros, principio dinámico, al unir la Tierra y los Cielos (Gea y Urano) comienza el ciclo
de las generaciones divinas. En esta obra late un espíritu monoteísta cuya finalidad es
mostrar el poder de Zeus como rey de dioses y señor de la Naturaleza. Estos tres
elementos teogónicos, la búsqueda del origen, el dinamismo de Eros y la tendencia
monoteísta, continuarán presentes en las cosmologías de muchos pensadores
presocráticos, que en general, poseen ciertos elementos comunes:
- La analogía entre el Cosmos -orden
celeste- y la polis, ordenada por leyes. El término cosmos procede del verbo kosmein,
disponer el ejército en formación de combate, lo que indica una proyección del orden
político sobre los cielos.
- El hilozoísmo, la creencia en que todo
lo natural está vivo; no se establecen diferencias entre mundo animado y mundo inanimado.
La physis es el conjunto de lo viviente, campo de la reproducción y la generación,
totalidad viva.
- La consideración de los acontecimientos
naturales como acciones intencionadas, lo que muestra a la vez una pervivencia animista y
una proyección del psiquismo humano sobre la Naturaleza.
LOS FILÓSOFOS PRESOCRÁTICOS
Tales de Mileto
(apr. 625-545)
No es casualidad que la filosofía haya
surgido al este de Grecia, en Jonia, zona en permanente contacto con culturas orientales y
con Egipto. La tesis más famosa de Tales, que el mundo está hecho de agua, ha sido
relacionada con mitos babilónicos (Marduk y Tiamat), egipcios (el dios Nun) e hititas, y
con mitos griegos arcaicos sobre el dios Océano, que aún resuenan en Homero y Hesíodo.
Pero en Tales ya no se trata simplemente de que la Tierra y los cielos hayan emergido de
las aguas primigenias. Su impronta racionalizadora consiste en entender la physis como un
proceso dinámico, a partir de un estadio originario. Su genialidad estriba en reducir la
multiplicidad de lo existente, con su variada gama de diferencias, a la unidad del agua.
Aquí no se trata de pasar de lo semejante a lo uno, como al nombrar, sino de lo distinto
a lo uno. Unidad que no está oculta, sino que muestra su importancia entre las demás
cosas. El agua se convierte en patrón del cambio, aquello de lo que todo proviene y a lo
que todo vuelve. Tales no debió explicar el mecanismo concreto de transformación del
agua en las demás cosas, pues hubiera quedado algún rastro en autores posteriores, y es
posible que se limitara a señalar el dinamismo del agua, observable en la lluvia y las
nevadas, o en las mareas, a las que atribuía ser causa de terremotos. Cuando Tales afirma
que todo está lleno de dioses está independizando la physis de la tutela de los dioses
olímpicos, al afirmar que cada cosa tiene dentro de sí -y no fuera- los principios de su
naturaleza, de su dinamismo; con ello refuerza la unidad y autonomía de los seres
físicos.
Algunos autores presentan a Tales como un
viajero práctico, que durante sus estancias por motivos comerciales en ciudades
mesopotámicas, egipcias y fenicias, aprendió diversas técnicas que introdujo entre los
jonios, como predecir un eclipse de sol a partir de tablas astronómicas babilónicas,
medir la altura de una pirámide comparando la longitud de su sombra con la de un objeto
de altura conocida, medir la distancia de un barco en altamar a puerto y navegar según
las estrellas. Pero para la mayoría Tales es, sobre todo, el inventor de la ciencia
geométrica. Pecando de eurocéntricos, los historiadores sitúan en Tales el comienzo de
la ciencia matemática, porque aceptan como definición de esta el modelo
axiomático-deductivo, que fue cobrando forma en la cultura helena desde Enópides hasta
Euclides. La exigencia de abstracción, demostraciones, reglas generales y exactitud,
suponía la devaluación de la matemática pregriega, práctica, algorítmica, particular
y aproximativa. Sea como sea, con Tales la matemática inicia su transición desde lo
empírico a lo teórico, pasa de su uso técnico en la polis a ser una especulación sobre
el mundo; al ir más allá de su mera manipulación mágica y técnica se comienza a
elaborar una nueva imagen de la naturaleza.
Los teoremas atribuidos a Tales por la
tradición parecen indicar que sus demostraciones se basaban en la simetría o
superposición de figuras. Me detendré solamente en el de la división de un círculo por
su diámetro en dos mitades iguales. En él lo uno y lo múltiple se presenta de dos
maneras:
- El centro es un punto único respecto a
la multiplicidad de puntos que pueden determinarse en el círculo; es el punto que define,
precisamente, cuáles de todas las cuerdas posibles son diámetros. Gracias al centro
todos los diámetros son el diámetro.
- Todos los círculos son el círculo; la
pluralidad de tamaño de los círculos es reducida a la unidad de su figura mediante la
definición de sus propiedades.
Dos condiciones necesarias para poder
considerar como demostración ese salto desde los muchos círculos empíricos a la idea
única de círculo.
Tales aconsejó a los jonios que hubiera
una sola sede de la asamblea política y que estuviera en Teos, polis situada en el centro
de Jonia. Podemos ver en ello un viaje de vuelta desde la teoría a la polis, un ejemplo
aplicado de las virtudes de la teoría.
Anaximandro de
Mileto (apr. 610-545).
En la cosmología de Anaximandro lo uno se
presenta en forma de Todo, al que denomina Apeiron, término que Homero aplicaba al mar
inacabable y a la tierra que nunca se acaba de recorrer. Parece que con este término
quería significar a la vez lo ilimitado y lo indeterminado. Ilimitado quiere decir
ausencia de límites espaciales, de forma externa. Indeterminado quiere decir ausencia de
límites internos, de separaciones. Por eso lo Apeiron no puede tener cualidades, que
sólo pertenecen a las cosas concretas. En ese sentido, lo Apeiron, a la vez que Todo es
una Nada, al ser un concepto teórico construido mediante la negación de las cualidades
sensibles. Tal vez es la primera prefiguración de lo que Aristóteles llamará materia
prima, con la salvedad de que ésta sólo tenía existencia virtual.
La principal diferencia con respecto a
Tales estriba en no haber elegido un elemento empírico como principio de la physis. Lo
Apeiron es lo circundante oculto, reservorio inagotable de donde viene todo lo presente;
es inmortal e indestructible, luego divino; no ha sido generado, pero genera todas las
cosas. El proceso cósmico se inicia mediante la separación del Fuego y la Bruma (aire
húmedo). Como Anaximandro afirma que lo Apeiron abraza todas las cosas, hemos de entender
que la separación ocurre internamente. Algunos autores han creído que tal separación se
producía a partir de un movimiento de rotación de lo Apeiron, aunque no hay indicios
textuales de ello. La hipótesis es plausible, pues la mayoría de los presocráticos
consideraron que el movimiento era un principio fundamental, algo que existía desde
siempre y no había que explicar su origen, pues no lo tenía. Otra posibilidad es que
Anaximandro concibiera tal separación como el inicio del movimiento, lo cual aproximaría
lo Apeiron al Caos de Hesíodo.
Comentaristas antiguos le atribuyeron la
doctrina de que lo Apeiron genera muchos mundos, aunque tampoco hay referencias textuales.
Es compatible y coherente con la noción de Apeiron la idea de múltiples mundos
sucesivos; menos razonable suena la idea de múltiples mundos coextensivos, que otros
comentaristas han defendido.
Mientras que Tales pensaba que la Tierra
era plana y el universo semiesférico, Anaximandro parece haber sido el primer griego que
habla de un universo esférico. A pesar de ello conservó la idea arcaica de que la Tierra
era cilíndrica. Su interés por las matemáticas se ve en su mapa celeste, pionero en
Grecia, donde ordenó proporcionalmente las distancias a la Tierra de los anillos del sol
-27 diámetros terrestres-, de la luna -18- y de las estrellas -9-.
Quiero llamar la atención sobre una idea
que considero de origen matemático y extrapolada a la physis. Según Anaximandro la
Tierra yace fija en el centro del universo porque está en equilibrio. Aquí aparece la
idea del centro como uno distinto del resto de múltiples lugares, tal como vimos en la
geometría de Tales; será Arquímedes, tres siglos después quien desarrolle esta fecunda
idea ligando la geometría y la estática de sólidos, anticipando con la noción de
centro de peso la idea de centro de gravedad.
Anaxímenes de
Mileto (apr. 585-520).
La cosmología de Anaxímenes sitúa al
Aire como principio fundamental de todo lo existente. Igual que para el caso de Tales y el
agua también hay precedentes en la mitología, por ejemplo, la teogonía del fenicio
Sanconiatón, que toma como origen el aire ilimitado, tenebroso y ventoso, y con quien se
ha querido emparentar también el Caos de Hesíodo. Anaxímenes parece haber tomado
ciertas ideas de sus antecesores milesios; su Aire es, como el Agua de Tales, un elemento
empírico, abundante y necesario para la vida; por otra parte, afirma que es ilimitado,
como lo Apeiron de Anaximandro, y que es invisible cuando está muy junto, aunque se
manifiesta por lo caliente, lo húmedo y por su movimiento. La importancia de Anaxímenes
radica en haber dado una explicación de cómo lo uno -el Aire- se convierte en lo
múltiple, las cosas. Sostuvo que mediante un proceso reversible de rarefacción y
condensación, mediante el cual el Aire se rarifica en fuego o se va condensando
progresivamente en viento, vapor, nube, agua, tierra y piedra. Este proceso dinámico es
eterno, todo nace del Aire y puede regresar al Aire. Sin embargo, no parece que haya
imaginado mundos alternativos o sucesivos.
En cambio, ha dejado patente la necesidad
del Aire para todo lo vivo. Consideró que el mundo respiraba Aire, tal como los seres
naturales mientras están vivos. Ya en Homero se encuentra que el aliento (pneuma) es el
alma vital de los hombres. El Aire, en cuanto que es lo originario y eterno, lo penetra
todo, es el Alma del Mundo, tal como para Tales lo era la humedad. Mantiene unido el
cosmos igual que el alma le confiere unidad al cuerpo. Recogiendo la idea de Anaximandro,
sitúa en el centro del cosmos la Tierra, a la que concibe plana y con escaso espesor,
flotando en el Aire. La idea geométrico-física de equilibrio ha desaparecido, sustituida
probablemente por la observación empírica de que los cuerpos extensos, planos y
delgados, al ofrecer menos resistencia al viento, son más estables.
Pitágoras
(apr.570-505) y los pitagóricos
Se cree que fue el primero en llamarse
filósofo; aunque era jonio, por motivos políticos emigró a Crotona, sur de Italia,
donde fundó su secta hacia el 525 a.n.e. No hay unanimidad sobre la datación de las
distintas doctrinas pitagóricas, porque los comentaristas posteriores hablan, en general,
de los pitagóricos. Aquí nos referiremos a las doctrinas consideradas más antiguas,
anteriores en todo caso a la expulsión de la secta de Crotona hacia el 450 a.n.e.
La cosmología pitagórica se basa en dos
principios: los cuerpos y el vacío, es decir, lo limitado y lo ilimitado. En esta época
aún no se distingue claramente entre aire y vacío, así pues, es clara la filiación
milesia de lo ilimitado; por otra parte, considerar los cuerpos como lo que tiene
límites, y por tanto, una figura determinada, nos lleva de inmediato a la geometría.
Para los pitagóricos la Tierra es redonda y tiene dos movimientos: traslación y
rotación.
En mi opinión, fue el descubrimiento de
que las verdades matemáticas eran verdades eternas lo que les llevó a considerar las
matemáticas como el saber sagrado que revelaba la esencia del mundo. De ahí nace su
famosa tesis: Las cosas son números. La mística de la secta pitagórica era el saber
matemático. Parece que su origen estuvo en el descubrimiento por Pitágoras de que al
pulsar cuerdas de monocordios emitían sonidos armónicos si y las longitudes de las
cuerdas guardaban entre sí proporciones expresables mediante números, como 1:2, 2:3,
3:4. Esto motivó un interés por las matemáticas que se concretó en el desarrollo de la
aritmo-geometría, fase a la que podemos adscribir la demostración del teorema de
Pitágoras, los números poligonales y el estudio de los números pares e impares.
Los pitagóricos fueron los primeros
atomistas; si todas las cosas eran números tenían que estar formadas por unidades. Las
llamaron hòros y eran unidades aritméticas, geométricas y físicas a la vez. De
su cantidad y su disposición espacial dependían las propiedades de cada cosa. No había
diferencias físicas entre los hòros, eran todos iguales. Los números figurados
constituyen un intento de expresar en términos aritméticos una realidad geométrica.
Cuando el pitagórico Hípaso de Metaponto descubre, en la primera mitad del s.V a.n.e.,
las magnitudes irracionales, arruina esta cosmología aritmética, pues aunque se podía
operar en geometría con tales magnitudes, no podían, sin embargo, ser expresadas
mediante números. Quizá de aquí arranca la transformación del atomismo matemático de
los pitagóricos en el atomismo físico de Leucipo.
Si observamos la tabla pitagórica veremos
no sólo el lugar prominente que ocupan lo uno y lo múltiple, sino que podemos conectar
con ellos otras parejas de opuestos.
Límite - Ilimitado |
Impar - Par |
Uno - Múltiple |
Derecho - Izquierdo |
Masculino - Femenino |
En reposo - En movimiento |
Recto - Curvo |
Luz - Oscuridad |
Bueno - Malo |
Cuadrado - Oblongo |
La superioridad del límite
sobre lo ilimitado es la de la Tierra sobre el Aire, la de la forma sobre lo amorfo; cada
ser natural tiene unidad de forma, el aire no tiene figura.
El número se compone de dos elementos: lo
impar y lo par. La primacía de lo impar deriva de que lo par, por descomposición, puede
ser reducido a lo impar, pero no a la viceversa, por lo que lo impar es más simple.
Para los pitagóricos, lo Uno no es un
número, sino el principio -arjé- de los números, su generador. No es par ni impar. Los
números nacen de lo Uno tal como en Anaximandro las cosas nacen de lo Apeiron. Por ello
la unidad es superior a la multiplicidad compuesta de unidades.
El reposo conserva la unidad de la cosa, en
cambio, los movimientos pueden ser múltiples. Lo recto sólo tiene una forma, lo curvo
muchas. El cuadrado y los números cuadrados sólo tienen una forma, el rectángulo y los
números oblongos, muchas.
Hay ciertos indicios que permiten sospechar
que los pitagóricos adoraban una única divinidad, bajo la denominación de Apolo, la
más adecuada a su cosmovisión matemática. Se sabe que la secta creía en la
reencarnación y se considera que Pitágoras fue el primer griego en postular la
inmortalidad de alma individual, una idea que por esa misma época aparece en otras
culturas, en Persia con Zoroastro y en la India con Buda, sin que se haya podido probar
una vía de difusión en uno u otro sentido. Los cultos mistéricos de la época, como el
de Eleusis, están ligados al ciclo tradicional de muerte y renacimiento, como se ve en el
mito de Dyonisos despedazado y esparcido, de cuyos restos rebrotará la vida. La
racionalización del mito en los pitagóricos se convierte en que la vida nace de la
muerte y la muerte nace de la vida, del mismo modo que todos los opuestos se generan entre
sí. Según la noción helénica más antigua el alma individual es la porción del Alma
del Mundo presente en cada ser vivo. Para los pitagóricos el alma individual es la
armonía del cuerpo. El Alma del Mundo es al macrocosmos lo que el alma individual es al
microcosmos del cuerpo. Hay un avance hacia la diferenciación de las almas individuales,
condición necesaria para articular un discurso ético en el que la culpa y la
responsabilidad ya no son solamente colectivas. La idea de la inmortalidad personal es el
señuelo que moviliza las emociones en pos del camino de salvación que la secta enseña.
Alcanzar la excelencia como hombre significa liberar el alma de su destino de
reencarnaciones sucesivas y lograr la fusión con la divinidad. Así pues, el pitagorismo
implica un doble cambio respecto a la religión tradicional: se avanza desde los
múltiples dioses hacia la divinidad una y el Alma del Mundo se multiplica en las almas
individuales inmortales.
Jenófanes de
Colofón (apr. 570-477).
De este poeta jonio, que emigró joven a
Sicilia, son muy conocidos sus fragmentos de teología filosófica en que refuta las ideas
antropomórficas sobre los dioses. Dios es Uno, inmóvil, y todo él ve, piensa y oye sin
necesidad de ojos, mente y oído, y sin fatiga sacude todo con la fuerza de su
pensamiento. Parece ser que defendió, en relación a la idea de Anaximandro, que los
múltiples mundos posibles eran iguales entre sí.
Un rasgo peculiar de su cosmología es la
afirmación de que el sol es nuevo cada día; nace cada amanecer en Oriente por
aglomeración de vapores ígneos y avanza hacia Occidente en línea recta hasta perderse
de vista; la distancia causa que su movimiento aparente ser circular. Así, Jenófanes
separa la unidad del sol en la multiplicidad de sus apariciones diurnas.
Heráclito de
Éfeso (apr. 540-480).
Heráclito representa un nuevo tipo de
filósofo; su interés prioritario es la ética y sus doctrinas físicas están
subordinadas a su actitud moral. Con él aparece el pensador solitario que desdeña a la
mayoría de sus congéneres porque prefieren vivir según el placer antes que según la
sabiduría; el maestro único frente a los ignorantes muchos. Su método legitima esta
postura: para averiguar la verdad sobre el mundo Heráclito no escruta los cielos: se
investiga a sí mismo. Su tesis principal es que hay una sola ley que gobierna el mundo,
el Logos, que actúa según medida y proporción. Unidad de la ley natural que contrasta
con la multiplicidad de las leyes humanas. Supuestamente el pensamiento de todo hombre
puede conocer el Logos, pero no es fácil: la naturaleza gusta de ocultarse, la realidad
una se esconde tras sus múltiples manifestaciones y tras los múltiples nombres que se
dan a éstas. Cada hombre cree tener su propio saber sin percatarse de que la razón es
común: la verdad es sólo una, la de todos, los errores son múltiples, los de cada uno
por su cuenta.
Lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto,
lo bello y lo feo, el día y la noche, sólo en la apariencia del habla son opuestos; toda
pareja de contrarios encubre así su identidad. Lo real, la diké, el modo como las cosas
son, se manifiesta siempre como oposición, discordia, guerra; así gobierna el Logos el
devenir de la naturaleza. Unidad real y dualidad manifiesta.
Para Heráclito no hay un estadio
originario del cosmos distinto del actual. El Fuego es el Alma del Mundo, el Logos
encarnado en la Physis, su fuerza que todo lo transforma. Es eterno e ilimitado. El alma
humana es de fuego. Bajo la pluralidad de las cosas y de los cuerpos yace la unidad del
Fuego-Logos.
Alcmeón de
Crotona (apr. 530-470).
Este médico, aunque se cree que no fue
miembro de la secta, estuvo muy influido por los pitagóricos. Su doctrina es claramente
dualista: A la mayoría de las cosas humanas va en parejas. Su fama procede de
haber sido el primero en distinguir entre percepción y pensamiento, y por su teoría de
la salud como equilibrio entre múltiples parejas de opuestos: calor/frío,
humedad/sequedad, dulzor/amargor... En tres de sus fragmentos encontramos argumentos
relacionados con lo uno y lo múltiple:
- La verdad sólo está al alcance de los
dioses; los hombres deben conformarse con la pluralidad de sus opiniones y conjeturas.
- Poseer la capacidad de comprensión
distingue a la especie humana de todas las demás, que sólo disponen de percepción.
- Los hombres mueren porque no son capaces
de juntar el principio con el fin. Según Alcmeón los astros son divinos porque tienen un
movimiento circular perpetuo; el hombre es mortal porque su alma no consigue perpetuar su
movimiento. Vemos aquí una vez más el uso del círculo como unidad, que no tiene
principio ni fin.
Parménides de
Elea (apr. 520-445).
Parménides se educó en la tradición
pitagórica, aunque su famoso Poema constituye un ataque directo a los fundamentos
de tal filosofía. Rechazará el dualismo y elaborará un sistema monista; de los dos
principios pitagóricos -los cuerpos y el vacío- negará la existencia del segundo y
dará nueva forma al primero. De modo semejante a Heráclito, Parménides es un sabio
iluminado por la divinidad que advierte a los hombres que viven en el error. Plantea por
primera vez con todo rigor el problema de la realidad y la apariencia. La realidad es una
sola y descubrirla exige poseer un método de conocimiento; las apariencias son múltiples
y están constantemente presentes ante nosotros. La realidad sólo es accesible al
pensamiento racional, mientras que el mundo de las apariencias lo captamos por los
sentidos. En su Poema explica primero la Vía de la Verdad, única posible para el
conocimiento, y luego la Vía del Error, una justificación de la apariencia del cosmos.
Frente a la tradición y a la percepción,
el método de Parménides es la deducción lógica, en particular, la llamada
demostración indirecta o reducción al absurdo. Es cuestión aún debatida si tomó este
procedimiento de los matemáticos pitagóricos o viceversa. Su doctrina arranca con una
afirmación dogmática: lo que es es y lo que no es no es; o sea, se afirma lo real, y se
niega el vacío, la nada. Ahora bien, no todo lo que existe es; hay que distinguir entre
lo que es - el Ser- y lo que parece ser, pero no es Ser: las apariencias engañan. A
partir de esta tesis, por reducción al absurdo, demostrará las propiedades de lo que es:
no ha tenido génesis, no tendrá fin en el tiempo, es único, indivisible, homogéneo,
continuo, inmutable e inmóvil, semejante a una esfera. Algunas de estas propiedades
pertenecen al lado superior de la tabla de valores pitagórica; otras, como la
homogeneidad y continuidad, parecen dirigidas directamente contra Anaxímenes y su
concepción del cambio físico como condensación y rarefacción. Pero lo importante es
saber a qué se refiere Parménides con su expresión A lo que es, o bien, lo Uno.
La respuesta la encontramos en su
insistencia en que ser y pensar son equivalentes. Lo Uno es la realidad-pensamiento que
subyace al mundo de las apariencias. Por ser pensamiento esta realidad sólo es conocible
mediante la razón, por ser corpóreo este pensamiento es el fundamento de la naturaleza.
Y aunque no conste en los fragmentos conservados, todo nos lleva a creer que este
pensamiento gobierna la naturaleza, es una versión racional del Alma del Mundo.
De la Vía del Error se conservan escasos
fragmentos. Para Parménides el mundo de las apariencias también está regido por la
necesidad, tiene su propio sentido. Para explicar su verosimilitud ideó una cosmología
dualista: la naturaleza está compuesta de dos principios, Luz-Fuego y Oscuridad-Noche. A
partir de ahí retoma elementos de las cosmologías jónica y pitagórica.
En resumen, en la filosofía de Parménides
encontramos la Unidad del Ser frente a la multiplicidad de las apariencias, la unidad de
la razón frente a la multiplicidad de percepciones, la unidad de la verdad frente a la
diversidad de las opiniones, la unidad de la eternidad frente a la pluralidad del devenir.
Zenón de Elea
(apr. 490-430).
Zenón, discípulo de Parménides, en
consonancia con el método indirecto de su maestro, prefirió defender la doctrina de
éste atacando la de sus rivales, en especial, el pitagorismo. En vez de argumentar que el
Ser es uno e inmóvil prefiere exponer las contradicciones que se deducen de afirmar que
el Ser es plural y es móvil; al probar lo segundo prueba lo primero. La pluralidad y el
movimiento pertenecen al mundo de las apariencias, a la experiencia sensible y no al
pensamiento lógico, a la razón. Sus argumentos son llamados aporías porque desembocan
en contradicciones relacionadas con lo ilimitado.
La aporía del grano -una multitud de
granos suenan al caer, un grano solo no suena, )es o no sonoro el grano?- utiliza la
oposición entre unidad y pluralidad para atacar el conocimiento sensible, del que no
podemos fiarnos, porque es contradictorio.
La aporía del espacio -el espacio no
existe porque si existiera tendría que estar en un espacio y este a su vez en otro
espacio, y así sucesivamente- rechaza el principio pitagórico del vacío haciendo ver
que si hubiera un espacio tendría que haber ilimitados espacios, lo que es absurdo.
Las aporías contra la pluralidad se
dirigen contra la doctrina pitagórica de que todas las cosas están formadas por unidades
iguales e indivisibles (hóros). Zenón demuestra hábilmente que al considerar a la vez
los hóros como unidades físicas indivisibles -con dimensión-, aritméticas - como
cantidad numérica- y geométricas- como puntos- se derivan contradicciones insalvables.
Es muy probable que la lógica de Zenón haya obligado a los pitagóricos a sustituir su
horismo matemático por un horismo físico, del que surgiría el atomismo .
Las aporías contra el movimiento tratan de
demostrar que éste no es pensable lógicamente, y por tanto no es realidad, sino
apariencia, porque se producen contradicciones tanto si se piensa que el espacio es algo
continuo -las dos primeras- como discontinuo -las dos últimas-. La aporía del estadio
afirma que es imposible recorrer cualquier distancia dada, pues primero habría que
recorrer su mitad, luego la mitad de la mitad restante y así sucesivamente. Como se ve
Zenón usa la dicotomía para convertir una unidad -cualquier distancia- en una
multiplicidad ilimitada de partes. En efecto, quienes consideraban el espacio como
continuo lo pensaba como ilimitadamente divisible. Zenón señala que de ese proceso sin
fin se derivan inmediatamente contradicciones. Zenón se niega a admitir que una distancia
limitada pueda ser concebida como la suma de una cantidad ilimitada de partes. La aporía
de Aquiles y la tortuga reitera el mismo argumento que la aporía del estadio, pero
referida a dos cuerpos móviles, o sea, a un movimiento relativo.
Las aporías de la flecha y del desfile se
dirigen contra quienes consideraban que el espacio estaba formado por una multiplicidad de
unidades indivisibles yuxtapuestas, o sea, un espacio discontinuo. Zenón afirma que
durante su vuelo la flecha -en movimiento aparente- está realmente en reposo. Para
demostrarlo descompone la distancia recorrida en la multiplicidad de sus posiciones
intermedias entre la posición inicial y la final. Este conjunto de posiciones es
limitado, puesto que el número de unidades que componen cualquier distancia es limitado.
Entonces Zenón hace ver que en cada posición la flecha se halla en reposo. Traducido a
términos modernos, veintitantos siglos antes de Daguerre y los Lumière, Zenón ha
descompuesto, en la cámara negra de su mente, la ilusión del movimiento continuo en la
multiplicidad de sus fotogramas.
La aporía del desfile se dirige contra los
que argumentaban, no que el movimiento era recorrer sucesivamente una serie de posiciones,
tantas como unidades indivisibles tiene el recorrido, sino que consistía en el paso desde
cada posición o unidad indivisible a la siguiente. La aporía de la flecha deconstruye un
movimiento absoluto y la del desfile deconstruye un movimiento relativo, el de dos cuerpos
móviles entre sí respecto a un tercer cuerpo fijo. Obviaremos aquí su explicación
porque nos llevaría mucho tiempo.
Meliso de Samos
(apr. 485-420)
Fue el comandante de la flota samia que
derrotó a la ateniense liderada por Pericles; aun siendo jonio, adoptó la filosofía de
Parménides, introduciendo un cambio importante. Para Meliso, lo que es, el Ser Uno, es un
Todo Ilimitado, porque si no lo fuera no sería Uno, sino que habría tres cosas: el Ser
Uno, el límite y lo limitante. Asimismo, del hecho de que el Ser es Ilimitado deduce su
eternidad, pues no puede tener principio ni fin. Afirmó que lo Uno es incorpóreo, porque
si tuviera volumen, tendría partes y no sería Uno. Sostuvo que toda pretendida
filosofía pluralista tendría que adjudicar a sus principios fundamentales las mismas
características que definían a lo Uno, lo que de hecho ocurrió con Anaxágoras y
Leucipo.
Los filósofos pluralistas
Hacia mediados del siglo V a.n.e. algunos
filósofos disconformes con el monismo de Parménides elaboran teorías físicas
pluralistas. Aunque rechazan que el Ser sea Uno, la poderosa lógica del eléata les
inducirá a atribuir a sus respectivos principios fundamentales la mayoría de las otras
características de Ser parmenídeo: eternidad, indivisibilidad, inmutabilidad,
homogeneidad. En efecto, después de Parménides ya no se puede decir que las cosas se
forman por generación y corrupción, por tanto, los principios elementales no pueden
haber tenido origen ni tener final. En los filósofos pluralistas los cambios de los seres
naturales son explicados como cambios de la proporción en que se hallan mezclados los
principios constituyentes. El concepto de proporción había sido desarrollado
profusamente por los matemáticos pitagóricos. Precisamente las filosofías pluralistas
comparten el hecho de sintetizar aspectos de la tradición pitagórica, eleática y de la
física jonia.
Empédocles de
Acragas (apr. 485-425)
Este médico y político siciliano, educado
probablemente en la tradición pitagórica, parece ser que escribió -aparte de una obra
sobre medicina- dos libros filosóficos: Purificaciones, de profundas resonancias
órficas, y Sobre la Naturaleza. Ambos exponen un mismo modelo: el tránsito desde
lo Uno hacia lo múltiple por obra de la Discordia y el retorno desde lo múltiple hacia
lo Uno por la acción del Amor. En el primer libro este modelo se aplica a los avatares
del alma, en el segundo a la Naturaleza como totalidad.
Las almas de los seres naturales han sido
separadas del Alma primordial por obra de la Discordia; su vida terrestre ha de ser un
camino ascético de perfeccionamiento hasta conseguir reintegrarse en la unidad del Alma
primigenia inmortal.
En la Física de Empédocles el estadio
primitivo del cosmos era una Esfera compuesta por una mezcla perfectamente homogénea de
cuatro principios elementales, a los que denomina raíces: Aire, Fuego, Tierra y Agua.
Además hay otros dos principios vitales no corpóreos en movimiento continuo: Amor y
Discordia. La penetración de la Discordia en la Esfera unida por el Amor va produciendo
la separación de las raíces hasta que se llega a la desunión total: la Esfera formada
por cuatro subesferas concéntricas de Tierra, Agua, Aire y Fuego. Entonces, por la
acción del Amor se inicia el regreso hacia la unidad primordial.
La doctrina de las cuatro raíces es de
probable ascendencia pitagórica y sus huellas se encuentran ya en Jenófanes y
Heráclito. Cada ser natural está constituido por una mezcla de los cuatro elementos en
una determinada proporción y está emitiendo continuamente efluvios, que le hacen ser
percibido por otros seres naturales, al captarlos mediante sus órganos sensoriales. Vemos
aquí la unidad del Ser como fondo inagotable de una multiplicidad de efluvios.
Un aspecto curioso es la teoría biológica
de Empédocles sobre el origen de los seres vivos. En una primera etapa nacen múltiples
miembros y órganos sueltos; en la segunda, se mezclan al azar, generando monstruos. En la
tercera predominan las combinaciones exitosas, aquéllas cuya armonía les permite
reproducirse, de manera no sexual; en la cuarta, aparecen los seres naturales sexuados. En
esta doctrina vemos que se avanza desde la multiplicidad, mediante combinaciones
aleatorias hasta la unidad como armonía.
Anaxágoras de
Clazomene (apr. 500-428).
Su cosmología tiene una clara conexión
con la de Anaximandro. Concibe el estadio primigenio del cosmos como un Todo, una mezcla
heterogénea sin cualidades, indefinida, compuesta de fuego o éter, aire, tierra, agua y
semillas. Estos son los principios fundamentales constituyentes de los seres naturales,
las diferencias entre estos se deben a las variaciones en las proporciones de su
combinación. Anaxágoras diferencia netamente el microcosmos -los elementos y las
semillas- del macrocosmos -los seres naturales-. La novedad de su microcosmos son las
semillas: son ilimitadas en cantidad, tamaño y tipos. Son infinitesimales, y por tanto,
imperceptibles para nuestros sentidos. Una fuerza de rotación, inducida por el Nous sobre
un área de la mezcla inicial, se va extendiendo por toda ella, separando lo caliente de
lo frío, lo seco de lo húmedo, lo denso de lo ralo, lo luminoso de lo oscuro. Lo primero
en separarse es el fuego-éter y el aire, que por su ilimitada extensión serán los
componentes más abundantes del cosmos.
En su concepción del macrocosmos
Anaxágoras acepta algunos puntos de la filosofía de Parménides: el vacío no existe,
así pues no hay generación ni destrucción, sino composición y separación. El cosmos
es pleno y continuo, los cuerpos físicos son ilimitadamente divisibles. En cambio,
rechaza que el Ser es Uno y admite una pluralidad de principios eternos. Defendió la
pluralidad frente a las aporías de Zenón, válidas sólo, según él, contra aquéllos
que pensaban el cosmos como discontinuo y compuesto por una pluralidad de unidades
indivisibles, pero inválidas contra un cosmos continuo ilimitadamente divisible.
En el cosmos, además de las semillas
existe el Nous, lo único que nunca se mezcla con lo demás, la sustancia más sutil y
pura, perfectamente homogénea, que se extiende por todas partes y cuya autonomía le
permite gobernar todas las cosas, siendo omnisciente y omnipotente, iniciador del
movimiento del cosmos y presente de distintos modos en cada especie de seres vivos. Así
pues, el Nous es el Alma del Mundo y el alma de los seres particulares, el Logos que todo
lo gobierna, la Mente que abraza y circunda el cosmos. De ahí que el comentarista
Simplicio dijera exagerando que en Anaxágoras sólo hay realmente dos principios: el Nous
y la mezcla ilimitada de semillas.
En cada ser natural -piedra, planta,
animal- hay una porción de cada tipo de semillas, en distinta proporción; su naturaleza
propia le viene dada por la semilla cuya porción sea más abundante. Esto nos hace ver
que el recurso de Anaxágoras a la pluralidad ilimitada fue su respuesta a la pregunta
sobre cómo pueden unas cosas transformarse en otras. Al responder que mediante la
variación de las proporciones relativas de las semillas, ofrece una teoría
antieconómica, pero ingeniosa, que ahorra mucho esfuerzo especulativo para explicar la
exuberancia de la naturaleza.
Leucipo de Elea o
Mileto (apr.. 480-425) y Demócrito de Ábdera (apr.
470-380).
Leucipo elaboró las grandes líneas del
atomismo, como reinterpretación del horismo pitagórico tras los ataques de Parménides y
Zenón. Demócrito perfeccionó la teoría difundiéndola en numerosos libros. Los escasos
fragmentos que se han conservado de ambos no permiten deslindar con seguridad las
aportaciones de cada cual. Para los atomistas hay dos principios: el vacío, ilimitado en
extensión, y lo pleno, ilimitado en cantidad, los átomos. Éstos son compactos,
homogéneos, indivisibles, impenetrables e impasibles; tienen un número ilimitado de
formas, aunque todos poseen la misma naturaleza. Tienen un número ilimitado de tamaños,
aunque todos son imperceptibles por su pequeñez; su peso depende de su tamaño.
El vacío y los átomos son eternos y
éstos se hallan en movimiento incesante desde siempre. A lo largo del tiempo se van
formando y aniquilando en el vacío innumerables mundos. Cuando una gran cantidad de
átomos confluye hacia una misma región del vacío se forma un mundo. Esa aglomeración
produce un remolino, al que llaman necesidad, que mantiene los átomos pesados en el
centro y proyecta los ligeros hacia fuera, formando éstos una membrana, el firmamento,
que en su rotación va captando cuerpos del vacío exterior. Los cuerpos se producen por
agregación de átomos, que al chocar unos con otros se enlazan o rebotan, pero no se
fusionan. Las características fundamentales de los cuerpos son la forma de sus átomos,
su orden interno y su configuración. Las cualidades sensibles no son reales, es decir, no
pertenecen a los átomos individuales; son convencionales, caracterizan solamente a los
cuerpos macroscópicos.
El movimiento de los átomos obedece a
causas mecánicas, con la salvedad de los átomos esféricos del alma y del fuego, que
tienen capacidad de automoción. Gracias a ésta los cuerpos pueden conocer y gobernar. La
percepción se produce al captar los sentidos los efluvios emitidos constantemente por los
cuerpos.
En resumen, la relación entre unidad y
pluralidad se presenta en los atomistas bajo diversos aspectos:
- Uno es el vacío e innumerables los
mundos que en él se forman.
- Convierten el Ser Uno de Parménides en
una multiplicidad de átomos que tienen muchas de sus mismas características.
- Los átomos tienen unidad de naturaleza y
pluralidad de formas, tamaños y movimientos.
- Unidad provisional del cuerpo y
multiplicidad de efluvios emitidos, simulacros de sí mismo.
Diógenes de
Apolonia (apr. 475-415).
Por los fragmentos que se han conservado se
cree que fue médico y se suele atribuir a su profesión técnica el empirismo que
manifiesta su filosofía, lo que concuerda con la tradición de la escuela hipocrática.
Rechazando tanto las consecuencias del eleatismo como de las físicas pluralistas
Diógenes retorna al principio cosmológico único: el Aire, o según otras fuentes, la
sustancia intermedia entre el Aire y el Fuego, el Éter que generaría a ambos. Este Aire
o Éter es eterno e ilimitado y en su interior van surgiendo innumerables mundos.
Justificó este regreso al monismo argumentando que la interacción que percibimos entre
los seres naturales sólo es posible porque tienen la misma naturaleza subyacente; si no
fuera así sólo habría interrelación entre seres de la misma especie.
El cosmos está ordenado del mejor modo
posible, lo que demuestra que el Aire o el Éter es inteligente. Al ser la sustancia más
sutil se halla presente en todas las cosas, aunque de distinto modo en cada una, lo que le
permite gobernarlas. El alma de los seres vivos está formada por aire caliente. Su
capacidad de conocimiento se debe a distintas formas de interacción entre el alma o aire
interno con el aire externo a través de los órganos del cuerpo, siguiendo la doctrina de
que lo semejante conoce a lo semejante.
Respecto a la relación entre unidad y
multiplicidad, Diógenes regresa al punto de partida de la física jonia; al igual que
Tales de Mileto explica la inmensa diversidad de las cosas sensibles mediante un principio
único que les confiere unidad de naturaleza.
EJERCICIOS Y ACTIVIDADES DIDÁCTICAS
1) Para comprobar la capacidad perceptiva
numérica instantánea: Dibujar en 5 hojas distintas agrupaciones de objetos iguales en
cantidad de 4,5,6,8, y 11 . Pasarlas a observación durante un segundo y hacer una tabla
estadística de aciertos y errores para cada hoja.
2) Pasar números de base 2 a base 10 para
ver la diferencia en la cantidad de cifras necesarias.
3) Dada una tribu con seis clanes (darles
nombre) crear un sistema combinatorio de matrimonios para los miembros de cada clan.
4) Imaginar un sistema de seis dioses para
el universo (dioses de entidades, fuerzas, cualidades, territorios...) . Registrar la
estadística de denominaciones de los dioses. Analizar los datos.
5) ¿Están regidos por leyes naturales
todos los acontecimientos del universo? Justificar las respuestas y poner ejemplos.
6) ¿Qué observaciones o ideas pudieron
hacer pensar a ciertos filósofos griegos que el universo era un ser vivo?
7) ¿Qué observaciones o ideas hicieron
pensar a algunos griegos que todos los acontecimientos del universo eran causados por
sujetos concretos?
8) Medir objetos de magnitud desconocida a
partir del tamaño de sus sombras por comparación con las sombras de objetos de tamaño
conocido.
9) Comprobar dibujando círculos y
cuerdas- que en un círculo las cuerdas de igual tamaño pasan a la misma distancia del
centro.
10) Presentar en un folio un mapa con cinco
ciudades y sus respectivas cantidades de habitantes. Determinar el lugar ideal para crear
una nueva capital como centralización del territorio. Razonar el procedimiento empleado.
11) ¿Qué razones pudieron hacer pensar a
Anaximandro que las estrellas estaban más cerca de la Tierra que la Luna y el Sol?
12) ¿Qué razones pudieron hacer pensar a
Anaxímenes que todos los seres naturales estaban compuestos de Aire?
13) Dibujar algunos números poligonales
-triangulares, cuadrangulares, pentagonales...- y explicar las series numéricas que
forman.
14) Comprobar si determinados números son
abundantes o deficientes.
15) En la tabla pitagórica relacionar las
siguientes parejas:
Uno/Múltiple con Recto/ Curvo
Uno/Múltiple con Masculino/Femenino
Uno/Múltiple con Reposo/ Movimiento
Derecho/Izquierdo con Bueno/Malo
Luz/Oscuridad con Bueno/Malo
16) ¿Qué consecuencias prácticas y
morales se pueden derivar de la creencia en que todos los seres vivos tienen un alma
inmortal?
17) ¿Si los burros piensan o pensaran
cómo crees que imaginan o imaginarían a sus dioses: como hombres o como burros? Razonar
la respuesta.
18) Comentar el fragmento de Heráclito:
"El camino arriba y el camino abajo son uno y el mismo".
19) Buscar parejas de conceptos opuestos y
comprobar si hay en el lenguaje palabras para indicar un término medio entre ellos.
20) ¿Crees que es correcta la afirmación
de Alcmeón de que hay muchas opiniones sobre un mismo asunto, pero que la verdad es una
sola?
21) Si el universo de Parménides "se
moviera" girando sobre su propio eje en el mismo sitio crees que sus habitantes
podrían detectar ese "movimiento".
22) Hacer un recuento de "falsas
apariencias" de las que se haya tenido experiencia.
23) ¿Qué pasaría en el universo limitado
de Parménides si alguien se acercara al límite y sacara la mano fuera?
24) ¿Ves alguna relación entre la aporía
de la flecha y una película?
25) Idear argumentos para refutar la
aporía de Aquiles y la tortuga.
26) ¿Qué ventajas y desventajas
encuentras en el sistema de las cuatro raíces de Empédocles por comparación con el
sistema de ilimitadas semillas de Anaxágoras?
27) Dibujar algunos monstruos posibles
típicos de la segunda fase del desarrollo de los seres vivos según Empédocles.
28) Imaginar formas geométricas para los
átomos de fuego, de agua, de tierra y de aire. Comparar con las formas atribuidas por
Platón en el Timeo.
29) ¿Por qué no se gastan los cuerpos que
están emitiendo efluvios continuamente, según los atomistas?
30) ¿Qué circunstancias pueden haber
llevado a Diógenes de Apolonia a pensar que el alma estaba formada por aire caliente?
¿Por qué relaciona el conocimiento con el aire?